Callar la protesta / Borramientos del poder

29187262_10160067617040142_8460037532380299264_o

Foto: Adriana Berroterán

Del 8 al 11 de febrero en la Ciudad de México estuvo en exhibición Callar la protesta, una exposición que organicé junto con Julieta Omaña.

Por acá les comparto un fragmento de la presentación:

Esta muestra representa, como el trayecto de miel de Joseph Beuys, la evidencia visual de un proceso de investigación en curso. Ante las crisis políticas de México y Venezuela, países que nos vinculan a los investigadores y a los artistas, decidimos indagar en cómo los creadores se enfrentan a esas circunstancias urgentes, con el objetivo además de encontrar vínculos comunes entre las dos realidades. (…) Es un primer paso que pretende proyectarse en el tiempo como ejercicio de visibilidad y emplazamiento de un discurso en que el arte aparezca como lugar privilegiado de enunciación. Es allí, como lo señala Barrios, donde se devela una “latencia de lo vivo”(80) que orienta las búsquedas “hacia la fuerza, la potencia, la pulsión, el goce; pero también el caos, el conflicto y la violencia”(80).

Salimos reseñados en Verbigracia, el suplemento cultural de El Universal en Venezuela.

En el blog de Terremoto, donde podrán ver el registro de la exposición y el texto curatorial.

En Tráfico Visual, donde podrán leer una entrevista que me hizo Gabriel Antillano con motivo de la exposición.

En el blog de NodoCCS, para el que Diana Paulina Pérez Palacios hizo una reseña de la muestra.

Para Callar la protesta editamos una publicación diseñada por Armando Rosales, con tres ensayos que se pueden leer en Papel literario: Ángela Bonadies y las relaciones inesperadas de Julieta Omaña; Entre la nación y el cuerpo: Nelson Garrido y la ruptura de los bordes, de Claudia Cavallin y el mío, Reverón amurallado: el silencio como política de la imagen.

 

Reverón Amurallado: el silencio como política de la imagen

reveron-castillete

Este ensayo lo preparé para la exhibición Callar la protesta, y se concentra en una idea que trabajo desde hace un tiempo sobre el amurallamiento como estrategia política en las prácticas conceptuales venezolanas. En un mundo en que cada vez se delimitan más las fronteras y donde los muros parecieran ser cada vez más visibles, creo que hay algo de potencialidad en el silencio que proyectan esas paredes.

La imagen es la de un naufragio que deja entre sus restos un castillo. Levantado sobre la faz seca de un río, esta fortificación está hecha de palma, troncos de árboles, telas y piedra. Es, en realidad, un rancho pobre, de pisos de tierra, entre limoneros y arbustos de jazmín. Puertas adentro se escenifican banquetes, misas, calurosas obras de teatro protagonizadas por muñecas de trapo lo suficientemente grandes como para invitarlas a bailar. El maestro de ceremonias es el artista venezolano Armando Reverón (1889-1954), un pintor de formación académica que decide mudarse al mar a finales de la década del veinte. Afuera el país sufre la primera dictadura del siglo XX y empieza a explotarse el petróleo, pero nada de esto le importa. Amurallado en el Castillete, en Reverón se desplazan las placas tectónicas de un saber viejo y de un caos nuevo. Vista como la excentricidad de un pintor delirante, esa construcción nos cuenta otra historia: la de un universo simbólico amurallado en techos de palma, las ruinas de una cultura que fracasó en construirse una arquitectura a la medida de sus aspiraciones y decidió reconciliarse con el paisaje.

El gesto de construir un Castillete donde se guarece, en tensión, una poética que le responde a la ciudad con su amurallamiento, visto en el presente artístico, es una estrategia crítica relevante para la contemporaneidad, sobresaturada de imágenes evidentes, de militancias que parecieran ser desarmadas y domesticadas rápidamente por el poder al que pretender cuestionar.

Se puede leer completo en Papel literario

Entrevista con Dorian López, fotógrafo de Mexicano

Mexicano, Dorian López

Foto de Dorian López, de la serie Mexicano

A través de Juan D’Alessandro, un gran amigo y periodista cordobés, conocí la revista Los Anormales, cuyo espíritu se resume en la frase “Cómo piensan y actúan los que no actúan ni piensan como el resto”. La publicación empieza una nueva etapa con alcance latinoamericano y Juan me pidió que entrevistara al fotógrafo mexicano Dorian López, quien tiene el interesantísimo proyecto Mexicano. Hablamos sobre belleza, exclusión y sofisticación, en una charla que me hizo pensar mucho sobre las políticas de la raza y la nación en un país como México.

“Mi ejercicio es caminar. Me detengo con lo que me llame la atención: sujetos, escenas. Las figuras de moda más importantes ven mucho a la calle y lo noto en el trabajo que hacen. Yves Saint Laurent veía mucho la calle. La gente nueva también ve mucho la calle, es una gran fuente de inspiración. Por eso empecé a caminar. Desde muy chavito, cuando comencé con la cámara, he querido retratar la calle. Después de ya estar en la moda, caminar con una cámara y retratar lo que veía se hizo más fuerte. Me parecían muy emocionantes las cosas que podías encontrar: situaciones, vestimentas, rostros. Siempre mi foco ha sido en los rostros. Me encantan. Los que encuentro en el país me fascinan. En todos los lugares y en todo el mundo hay rostros fascinantes, pero los que encuentro aquí además me resultan familiares. Los veo, los reconozco de toda la vida y me parecen muy bellos”.

Más en Los Anormales

#dorian-ulises-lopez-macias, #entrevista, #fotografia, #losanormales, #mexicano, #mexico

Algunas ideas sobre el arte contemporáneo en la Venezuela de la (constante) crisis política

javier-tellez-leon-caracas

Still from: León de Caracas (2002), de Javier Téllez

La gente de Creators en Español me entrevistó para hablar sobre qué sucede con el arte contemporáneo venezolano, ante (la más reciente de) nuestras crisis políticas. Estoy muy agradecido, porque es uno de los temas que más me apasionan: cómo se han enfrentado nuestros artistas a su realidad, cómo reflexionan sobre sus mismas prácticas en un país que tuvo ilusiones de modernizarse, pero que ahora tiene hambre. Es un tema en el que pienso todos los días: cómo, en medio de todo, por sobre la violencia y el duelo, sobrevive una tradición artística compleja y aguda, de la que siento que falta mucho que estudiemos, interpretemos y contemos con justicia.

Debido a lo que enfrenta Venezuela, ¿Crees que haya un surgimiento de alguna Vanguardia Histórica?

Quedará para la historia el nombre que le pongamos a la resistencia, en cómo interpretaremos y entenderemos lo que está pasando ahora mismo ante nuestros ojos. Creo que el término “vanguardia histórica” responde más a las lógicas con que el arte funcionó sobre todo en la primera mitad del siglo XX, con las acciones y reacciones ante los programas estéticos de los grandes proyectos políticos como el soviético, el fascismo, o el liberal/democrático, inclusive. Lo que ocurre hoy en Venezuela responde mejor a la lógica de los fragmentos, del rizoma difícilmente categorizable bajo un manifiesto, una revista en particular o un solo espacio de exhibición. Más bien ha sido la respuesta de los artistas como ciudadanos lo que hemos visto durante estos años. Didi-Huberman también habla de una operación doble del arte, que pareciera revalorizarse en un momento como el venezolano: “volver visible la tragedia en la cultura (para no separarla de su historia), pero también hacer visible la cultura en la tragedia (para no separarla de su memoria)”.

Acá la entrevista completa.

#arte-contemporaneo-venezolano, #crisis-politica, #javier-tellez

¿Reverón luz de Venezuela?

reveron-al-panteon-maduro

Ciento veintisiete años cumplía Armando Reverón cuando se decidió volver a enterrarlo. Como tributo, en Venezuela se celebra el Día del Artista Plástico el mismo día de su natalicio. Y en lo que pretendió ser un gesto de reivindicación histórica, el presidente Nicolás Maduro encabezó el traslado de sus restos al Panteón Nacional.

El hombre que decidió crear su universo en Macuto fue devuelto al centro de Caracas, donde ahora comparte morada con militares y expresidentes.

“Reverón luz de Venezuela” es el eslogan de la campaña con que el gobierno difunde su obra desde que en 2014 se declarara Bien de Interés Cultural. Aunque en la Galería de Arte Nacional el homenaje no fue capaz de separarse de la reminiscencia fúnebre, pues el pasado mes de enero se inauguró en el segundo piso del edificio una muestra con este título: Reverón llena de luz el Panteón Nacional.

La insistencia con la metáfora de la luz no sería tan inapropiada si no fuera porque, además de ocultar sus restos entre mármoles, no se hizo ningún esfuerzo por mostrar la obra en su materialidad hiriente, en sus complejidades. En vez de eso, se celebra cual si fuera una hazaña identitaria, como si Reverón hubiese pintado imágenes de la venezolanidad, lienzos históricos, obras a la usanza de Tito Salas o Martín Tovar y Tovar.

El acto solemne

El acto celebrado consistió en una procesión en la que llevaron dos pequeños cajones de madera hacia el recinto de héroes y heroínas de la Patria: uno con los restos de Armando Reverón y otro con los de César Rengifo. Freddy Ñáñez, el ministro de Cultura, se congratulópor la “reivindicación histórica del legado de estos dos grandes creadores”.

El ministro defendió que tanto Reverón como Rengifo “afianzan la estética de una venezolanidad fuerte”, sin dejarnos saber qué es lo que eso significa. “Afianzan la estética de una venezolanidad fuerte en nuestra capacidad de crear lo nuevo, de repensar la historia y de transformar el presente trasgrediendo (sic) los límites de lo posible”. Y todo para “preservar la identidad del venezolano”.

Las supuestas transgresiones de estos artistas son, para el ministro, una orgullosa señal de estabilidad: “demiurgos de la inagotable imagen del nosotros”, dijo Ñáñez con prosopopeya.

Cultura y mausoleo

Durante la última década, entre las acciones culturales más visibles del gobierno venezolano está inaugurar cuarteles que son tumbas, construir panteones, exhumar cadáveres. Quizás a eso se refiere el ministro con la inagotable imagen del nosotros: la cultura vuelta un epitafio, el espectáculo de una nacionalidad que yace en mausoleos, en la narración de gestas bélicas, en difuntos.

No hay gesto más desproporcionadamente contrario a la obra de Armando Reverón que llevarlo al Panteón. Reverón fue un gran artista de la terredad, del mar y de la mierda, un pintor con fuego, capaz de crear incendios desde cuerpo hasta fundar un afuera. Un artista capaz de amurallar su mundo con instalaciones que no por precarias dejaban de ser lúcidas.

Que hoy se le celebre como “el pintor de la luz” es un desagradable lugar común, un espacio de domesticación para un artista que se puso en riesgo a sí mismo para crear una poética donde el ser comulgara con la locura.

Más en Prodavinci

El censor en el cuarto – Sobre la visita de Coetzee a México

coetzee

Ilustración: Juan Carlos Figuera

Nadie escribe solo en un país con censura. Los ojos escrutadores aparecen sobre el hombro sin ser llamados. El escritor experimenta la invasión de su intimidad, desde la sospecha de sí mismo: “¿cómo se leerá lo que escribo?”. Cada palabra, cada oración debe no solo satisfacer el propio oficio sino debe deslizarse entre la severa lectura de un tercero.

Es fácil sucumbir a la tentación de imaginarlo como un enemigo, pero mirar al otro lado del espejo puede ofrecer una imagen inesperada: la de reconocer a un complejo guardián de la cultura, un verdugo obligado a sacrificar cientos de textos para que solo vean la luz los que cambiarán la historia.

 ¿Por qué queremos ser herederos de la universidad europea?”, dijo mientras recordaba los actos académicos en Sudáfrica, ahogados con togas bajo un calor impensable para los europeos

“El censor siempre está en el cuarto”, recordó John Maxwell Coetzee, premio Nobel de literatura. Estuvo en la Ciudad de México con motivo del Doctorado Honoris Causa con que lo distinguió la Universidad Iberoamericana, donde dictó la conferencia “Sobre la censura”. Emocionado pero circunspecto, su pronunciación suave, mirada aguda y gesto imperturbable cautivaron al público. Calzó muy bien la toga con que fue investido: su vida la ha dedicado a la academia, y ha sido profesor de universidades en EE.UU., Sudáfrica y Australia, donde reside actualmente.

En sus palabras de agradecimiento, se permitió una crítica a la institución. “¿Por qué queremos ser herederos de la universidad europea?”, mientras recordaba los actos académicos en Sudáfrica, ahogados con togas bajo un calor impensable para los europeos. Rápidamente aventuró una respuesta: “estoy aquí por una fe en un conocimiento de altura” A higher learning, una apuesta que reunió a cientos de personas en el auditorio José Sánchez Villaseñor de la Universidad Iberoamericana.

Rodeado de catedráticos, estudiantes, y lectores con sus libros debajo del brazo, empezó su conferencia recordando que prefería no ser visto: “En Sudáfrica la censura era una realidad de la vida, el contexto en que operaban todos los artistas. Por eso nos sentíamos con suerte si el Estado no nos tomaba en cuenta”. Confesó un interés en la censura como un fenómeno de relaciones, mucho más complejo que un acto de aprobación o rechazo. Explicó que en la Sudáfrica del apartheid el gobierno quiso aislar al país con una meta moral y una política, para que una “nación blanca no se infectara de la decadencia moral de occidente y que la propaganda comunista no circulara”.

Más en Verbigracia – El Universal

El tatuaje de Luis Theis

luis-theis

Foto AP / Ariana Cubillos // En la fotografía puede verse el tatuaje en el hombro derecho de Luis Theis mientras un agente lo sujeta por el cuello

Mientras Luis Theis yacía en el piso, sometido por la Policía Nacional Bolivariana, de su brazo derecho ardía una curiosa figura que de inmediato hizo que sus amigos lo reconocieran: el antiguo emblema del Instituto Armando Reverón. Luis Theis es un artista egresado de esa institución en 2010 y fue detenido en la tarde del pasado 18 de mayo, durante la marcha que convocó la Mesa de la Unidad Democrática hacia la sede del Consejo Nacional Electoral.

El filósofo George Didi-Huberman dice que aquello que arde en la imagen es lo real. Tan real como puede ser una cárcel, tan urgente como una señal que de inmediato alerta sobre alguien que no regresará a casa. El emblema del extinto Instituto Armando Reverón, diseñado por Waleska Belisario en 1990, contagia por su poder de memoria en lo que el mismo Didi-Huberman llamaría “su vocación fundamental de sobrevivir, de decir”, por “el dolor del que proviene” y por su audacia, pues “vuelve todo retroceso, toda retirada, imposible”.

Su caso ha llamado la atención de la comunidad artística en Venezuela, quienes puestos ante lo que consideran una injusticia no han parado de denunciar la detención de Theis.

¿Qué sucedió con Luis Theis?

Más en Prodavinci