La electrónica con Rapto de DJ Yirvin

Los impulsores de la changa tuky reivindican el nombre Raptor House para designar a un género de música electrónica que encendió las fiestas en las zonas populares caraqueñas durante la primera década del 2000. Yirvin es uno de los músicos detrás de este fenómeno cuyo mayor sobreviviente es una onomatopeya


En el año 2006 uno de los primeros videos de youtube que se regaría por todas las computadoras de los venezolanos era tan solo una ventana a una escena musical que llegó a convocar a miles de jóvenes: la changa tuky. 

Las palabras claves para encontrar el video siguen siendo las mismas: “Cotiza vs. Petare”, y remiten aún hoy a diez minutos intensos de bailes entre grupos que se identifican con cada una de esas zonas de la ciudad de Caracas. Ya la changa, ese estilo de música inclasificable pero inconfundible al oído, había evolucionado de su clásico punky punky propio de los años noventa. La onomatopeya es ahora otra: tuky, y es la puerta de entrada a todo un fenómeno cultural del que muy poco se ha hablado. 

Un reciente auge de la música electrónica bailable de orígenes populares, como el Juke en Chicago y el Kuduro, proveniente de Angola y que produce furor en Portugal, ha hecho que comiencen a surgir preguntas sobre lo que estaba pasando en Venezuela en el año 2006. Una sencilla pesquisa guiada por uno de los puntos geográficos del video saca a relucir el nombre de Yirvin, uno de los Djs más reconocidos de Petare. En sus palabras: “Llegué a ser de los que tenían más música sonando en Caracas, mis canciones eran muy solicitadas por otros DJ, es me hizo agarrar más más fama”.

Profeta en su tierra 

En la redoma de Petare todo está en ebullición. Vendedores, transeúntes, predicadores, caminan y se agolpan mientras los sentidos se saturan. Entre gritos y fritangas cada habitante concilia su historia, mezclada con la euforia y las carcajadas estentóreas, con los piropos. 

Desde la estación del metro hasta el estudio de Yirvin hay apenas unos pasos. Ciertas expectativas cinematográficas confirman en el Dj las maneras expansivas del rockstar. Mientras camina, saluda a varias personas. Pródigo en abrazos, palmadas y apretones de mano coreografiados, es evidente que Yirvin es reconocido, hasta el punto de parecer un político en campaña. 

Establecido como productor de artistas de géneros como el hip hop, el reggaetón, la salsa y el merengue, logró acomodar su estudio de grabación en un cyber café abandonado. La sala principal es un cementerio de escombros tecnológicos y sillas de todas las clases.

-Yo me establecí acá porque encontré la oportunidad de montar mi estudio. A pesar de que vivo en Chacao, vengo todos los días. Sin embargo, estoy pensando en mudarme; muchos artistas no quieren venir hasta acá por miedo a la inseguridad.

Sentado en el master y con la exclusiva luz de los dos monitores que están conectados al disco duro de la computadora, Yirvin dice esto con vaga resignación. No queda rastro de sus gestos altisonantes. Empieza a elaborar la historia de la changa tuky con parquedad, alternando una sonrisa reticente con el gesto de acariciarse una escasa y cultivada línea de barba. Al cuello, carga un collar que resplandece entre la oscuridad reinante, ocasionada por una falla eléctrica reciente que no ha logrado resolver.

Tuky no, Raptor House


Los primeros años de la década de los noventa fueron el caldo de cultivo que más tarde habría de hacer ebullición en los barrios caraqueños. La canción Pump The Jam de la banda belga Technotronic puede ubicarse fácilmente como el paradigma de la changa, como el padre espiritual del estilo tuky. “Antes se escuchaba solamente changa. Como a la gente le gustaba bailarlo, el estilo fue evolucionando hasta el 2004, cuando, por afinidades musicales, decidimos impulsar el Raptor House”.

El plural mayestático no es incidental. Inspirados por el tipo de música que más hacía bailar al público, un grupo de Djs caraqueños se unieron para promover un género que bautizaron como Raptor House, según Yirvin: “Una mezcla de techno con ritmos latinos, africanos y música noventosa”.

Más tarde, él se separaría de esta coalición liderada por DJ Baba y crearía su propio género, el Hard Fusion, pero el verdadero pico de la escena se dio con el Raptor House, el preferido de los matinés, fiestas al margen de la legalidad que se organizaban para menores de edad que aún no podían entrar a las discotecas. “Eso era de los chamos, un género menos agresivo que el techno, pero más movido. Se hizo tan popular que yo tenía que forrar los temas con voces para que no me los robaran”.

El primer aniversario del Raptor House, celebrado en 2005 en el parque Naciones Unidas, llegó a congregar a más de cuatro mil personas. Apenas un año después, la fiebre comenzaría a bajar abruptamente. “Los videos ayudaron a que el ritmo se conociera más, pero también originaron la palabra tuky. Eso influyó para que todo se terminara. La gente sabía que era un insulto, nadie quería que lo llamaran tuky”.

El auge de la palabra coincidió con la prohibición tajante de los matinés. Yirvin dice divertido: “Esos carajitos se volvían locos”. Esta afirmación la hace como recordando tiempos dorados. Busca en su computadora fotos de esos años, videos. Vuelve sobre el término y reflexiona sobre las modas, y cómo se terminan imponiendo la palabras. Es quizás su derrota más sentida: las ansias iniciales por darle un nombre telúrico a su música, que por su violencia no podía sino ser la del rapto, de la garra, terminaron en una onomatopeya despectiva. La sentencia no es final. Comenta sobre su intensión de seguir trabajando, sus planes de mudarse. Me repite al renovado interés en el género y a las posibilidades de darle otra lectura a la palabra. En eso llega su pauta del día: un conjunto de salsa está grabando su segundo disco. Yirvin enciende el master y se olvida de todo lo demás.

Dj Yirvin – Petare (Changa Mix) by djyirvin

Esta entrevista fue originalmente publicada en la 11ª edición de Revista Ojo