Jan Pawel: canciones para desatar nudos

Entrevista a Jan Pawel, cantautor venezolano, barítono de dos metros de alto, letras introspectivas y espíritu independiente

Cuando Juan Pablo Oczkowski era adolescente tomó la decisión de renegar de la música. De la clásica, al menos. Fanático de Nirvana y Joy Divsion, fue tajante al despreciar las clases de piano que constantemente le sugería su padre, músico de orquesta. Con la rebeldía del apóstata le dio la espalda a un hogar marcado por las partituras más académicas: su hermano es pianista y su madre cantante lírica. Ahora, cuando acaba de lanzar en digital su primer trabajo formal como músico, el EP Demasiado viejo para morir joven, todos los cuestionamientos parecen haber atracado en un puerto de sentido.

“Ahora lo acabo de digerir: ellos son mi mayor influencia”, admite Juan Pablo, maracucho ahora con el nombre de Jan Pawel, en referencia a su ascendencia polaca. En seguida enseña, a través de la ventana del Skype, el tatuaje de acordeón con el nombre de su padre que se hizo en el brazo. “Mi hermano me regaló una guitarra y descubrí inmediatamente que ese era mi instrumento. Soy autodidacta, empecé a escribir canciones a los 23 años. Ahora acabo de cumplir los 30 y me arrepiento de no haber aprovechado para tener una formación teórica más amplia”.

Influenciado por la banda The Magnetic Fields, la búsqueda de Jan Pawel también pasó por aceptar su particular faceta de letrista, y no duda en afirmar —con un rapto de sinceridad— que puede llegar a ser “demasiado pangola”. “El disco 69 songs of love me llenó de valor. Todos aman, desde el punketo hasta el reguetonero, eso es universal y hermoso. Yo escribo canciones de amor, ¿cuál es el rollo?”. Esto lo dice en un tono perfectamente acorde con la idea de reírse de sí mismo, de la catarsis que componer significa para él. Es un proceso cuyo hito fue su mudanza a Margarita.

“El título del EP fue lo primero que estuvo listo: Demasiado viejo para morir joven. Me gustó el hecho de haber venido a Margarita, hubo muchos cambios en mí porque venía con un estilo de vida nocivo. Comenzó un proceso de redescubrirme, estaba muy inconforme. Ese es el tema del disco. La ilusión que tienen los rocanroleros de morir jóvenes… no era un proceso consciente, pero se convirtió en una especie de chiste cruel”.

La canción “Hoy los muertos están de pie” es la más representativa de ese cambio. Jan Pawel hace un esfuerzo por recordar la letra sin cantarla: “Más alarmante que el desastre tocando a la puerta / fue la inconciencia al no sentir ningún temor”. Viene otro verso: “Eso nos pasa por salir de casa”. Y la confesión última: “Esos muertos que están de pie soy yo. En ese sentido del renacer y de peos existenciales”.

El espíritu de cada uno de los seis temas que componen el EP fue guiado por una sencillez acústica que devino en synth-pop. En el camino, recibió la ayuda de otros músicos que colaboraron con él para darle forma a los temas como su compatriota Ulises Hadjis y Cheky, de la banda Jóvenes y Sexys. Al respecto, comenta: “Me pareció que era el momento de conectarme con la gente, de aceptarme como músico y como cantautor. El disco lo grabé en mi cuarto, en el espacio que estás viendo. Creo que tengo una naturaleza medio arrogante, me ha costado eso de ‘cómo hago para grabar’. Ese asunto lo-fi me gustaba, pero llegó el momento de enseriarse, de convertirlo en un trabajo. Ulises Hadjis me ayudó mucho con eso”.

Prepara otro lanzamiento con el título de Conejillo de indias, once canciones que tiene desde hace tiempo, junto con otras cincuenta “que están ahí esperando algo”. También prepara varios covers de artistas venezolanos que disfruta, como TLX, José Ignacio Benítez y Al cruzar la calle, proyecto de Linda Sjöquist, una joven cantautora también de Maracaibo.

Cada una de sus canciones pasa por un particular proceso de creación. “En mis canciones hay emoción, y encima de la emoción hay palabras que se arman como un rompecabezas. Escribo en función de cada palabra, cada oración. Durante tres meses son puro tarareo, y de ahí los espacios empiezan a llenarse con palabras. Es un proceso lento. Tengo muchas canciones en potencia. Tienen todo menos letra. Están naciendo con un ukelele. Yo mido como dos metros diez y se ve súper cómico, pero lo hago por comodidad. Tengo un porche con una hamaca que es mi lugar de componer”.

Su profundo tono de voz llega en reverberaciones entrecortadas, amén de una pobre conexión a Internet. Pocas preguntas fueron suficientes para que Jan Pawel hablara con profusión sobre sí mismo y su música, que se comparte por Internet a una velocidad que lo tiene orgulloso. Es una victoria agridulce, pues pasa por un sentimiento incómodo: “Es un nudo que tienes dentro y uso la canción para desatarlo, lo convierto en una fuerza creativa”. Sentado, con la seguridad serena con la que tempranamente la rechazó, asume su pasión ineludible.

Texto de la 11era edición de Revista Ojo

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