Breve historia del disco: sexo en la pista y escape redentor

Giorgio Moroder

Giorgio Moroder: productor legendario

Estos último meses, entre los brindis y el apuro del fin de una carrera, he estado entusiasmado leyendo sobre la historia de la música electrónica para mi tesis. Entre capítulos más eruditos que otros -Adorno, drogas y rock and roll- uno siempre se encuentra con el obstáculo que leer sobre música no es escucharla. Por eso este post es un esfuerzo por ir ordenando referencias.

Después de pasar por las vanguardias, Russolo y Schoenberg, voy por los ochenta, años cruciales en los que surgió la figura del DJ. Loops: una historia de la música electrónica, es una de los libros más claros que he conseguido a la hora de agrupar todo ese remix de hibridación, sintetizadores y fiestas que constituyen la historia de estos beats. En el ensayo: “Poderosamente real: la música disco, de The Loft al Paradise Garage”, Raül Pratginestós (Prat, para los amigos), nos introduce al vilipendiado mundo de las discotecas.

El contexto, al principio es claro, estamos en los años setenta, tiempo de desilusión hippie. El mundo sufre el primer aumento radical de los precios del petróleo en 1973, en el 75 los gringos se retiran de Vietnam, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas comienza a tambalearse. Ya nada es lo mismo. ¿Cuál es el antídoto? La fiesta. En paralelo a la inconformidad desaforada del punk, surge la música disco, pretendidamente superficial y escapista. Pero que representa una espacio de confluencia entre ciertos guetos underground y un mainstream que alegremente se reconfigura.

Encontramos de nuevo puntos en común, cíclicos, en el vaivén de la electrónica. Si ahora algunos se trasnochan preocupados por si el tuky, el funk, o el juke podrán tener cabida más allá de las favelas, si oh, la cultura se pervierte, oh se mancilla por culpa de sus beats bastardos, pues eso pasó desde que los futuristas contemplaron hacer música del ruido industrial.

El surgimiento del disco se consolida a raíz de la hibridación, desde el jazz y el rhythm and blues de las voces negras, hasta los acompasados sintetizadores y divas travestis del mundo gay. Lo que nos lleva, ahora sí, a la ansiada lista. Prat apunta como primer hit de la era disco el tema “Never can say good bye”: producido por Meco Monardo, contacta a una desconocida Gloria Gaynor y a la hora de mezclar el tema, nos dice, sube los canales del bajo y la batería para ponerlos en primer plano, sin importarle la orquesta ni darle un rol protagónico a la voz de la cantante.

Ese primer éxito lo escuchamos movido, pero todavía muy cándido. El sexo habría de llegar de forma más explícita a la discoteca con la mediación del músico italiano Giorgio Moroder y la próximamente gigante Donna Summer. La canción “Love to love you baby” es una variación sobre el sonido del orgasmo, de los sensuales quejidos de la euforia.

Este dúo de productor y diva habría de llevarse toda la fama de las pistas de baile, y seguramente el soundtrack de miles de blancas líneas agitadoras del descontrol y los placeres. Ya en el 78 vemos la cúspide de esa relación: el track “I feel love”, sin duda profético. Prat asegura en el ensayo que en su momento apenas fue un “hit pasajero, la extravagancia de un loco de laboratorio”. Pero cuyo espíritu sintético, viéndolo desde el 2012, nos parece del presente.

Gracias a ese tema, nos explica Prat, Moroder entra en contacto con el director de cine Alan Parker y le encarga el soundtrack de Midnight Express. El tema central, “The Chase”, es probablemente mi favorito de la lista, con sintetizadores para acompañar nuestra marcha distópica por el mundo, mientras nos enfrentamos contra los filisteos.

Los franceses de Daft Punk, pastores de esta tribu electrónica finisecular, están de acuerdo con nosotros. No solo reportaron haber trabajado con Moroder para su próximo disco, sino que hicieron un rework del tema bastante poderoso, junto con su propio e inconfundible Around the World:

Ese es el germen inicial de un estilo de música a la que después llegaría una figura inédita: el DJ, maestro de ceremonias, remezclador dance, agitador de espíritus.