La patria a lengüetazos de Déborah Castillo

Publico mi reseña de la exposición Acción y Culto de Déborah Castillo para celebrar la llegada de los gif con su obra

El beso emancipador

El beso emancipador

Para entrar a la exposición Acción y Culto, de Déborah Castillo, el visitante se encuentra con la violenta rutilancia del machete: están clavados a lo largo del pasillo, dándoles la bienvenida. Él debe, extrañado y seductor, moverse cuidadosamente entre cada uno.

La metáfora del país nunca había golpeado tanto. Están ahí como señales de lo ocurrido. Las hojas no pueden cortarlo, no pueden dirigirse de pronto en contra suyo. Pero son el testigo de las cifras rojas. Como si al caminar por la calle de pronto se nos revelaran los fantasmas de tiza. El título de la obra: “Penetrable con machetes”, es un chiste cruel ante los restos del país moderno, del que tanto se han preocupado las generaciones de artistas contemporáneos. Si para Soto eran sorprendentes las reacciones de niños y viejos ante los penetrables del cinetismo, de visitantes rurales que se encontraban con un arte lúdico y eminentemente urbano, habría que registrar cómo le afecta al espectador esa ciudad que ahora se vuelve pesadilla.

“Parece más una prostituta que artista”, expresa en un comentario uno de los foristas de laiguana.tv, página web que reseñó con indignación la exposición de Castillo. Esta frase, probablemente sin quererlo, resume la trayectoria de una artista que ha hecho de la seducción, el cuerpo y el poder sus principales temas de investigación. Que se ha fotografiado para calendarios eróticos y los ha puesto a circular entre los buhoneros, que ha disfrazado de animales a curadores y artistas –para su sometimiento, para su propio circo delirante-.

La reseña se ha traducido en un aluvión de insultos, de discusiones y de amenazas que han tildado a la artista desde títere de la oposición hasta de un sonoro adjetivo: “birrionda”. Esas reacciones revelan el éxito de una obra que se propuso poner en el centro de la discusión los delirios nacionales, la autoritaria seducción de nuestro caudillismo.

Lame, lame, lamezuela

Lame, lame, lamezuela

Castillo, esta vez, se alinea en frente del Libertador, para besarlo con desmesura, para lamerlo, asirlo, rendirle culto. Es una acción en video titulada “El beso emancipador”, que se cuela en los altares patrios para discutir su ramplonería con saliva redentora. Déborah Castillo es acá la verdadera bolivariana, la lúbrica, la amante que odia, reverencia y cuestiona.

Besa al mismo Bolívar que, en otra pieza, le dedica “Yo sigo siendo el Rey”, en voz de mariachis; que destruye y reconstruye a cincelazos, con ánimos de Sísifo, de Manuel Caballero que afirma “…todo venezolano nace con un techo, una limitación: nadie puede ser más grande que Simón Bolívar”.

Entre las paredes oscuras de la exposición, el transeúnte va a escuchar el himno de Venezuela cantado en chino, entonado cual rendición patria, proveniente de otra de las piezas en video de la obra. Las botas también se despedazan para transformarse en lingotes, en la Lamezuela concebida por Castillo y cuyas imágenes también se encuentran en la sala. Es seguramente una de las individuales más importantes del año y “Ensayo fotográfico” de la edición 19 de Revista OJO

Acción y culto en Revista OJO

Acción y culto en Revista OJO

Acción y culto en Revista OJO

Acción y culto en Revista OJO

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