La primera entrevista a Roberto Obregón

"Sorprende su forma de pensar"

“Sorprende su forma de pensar”

Publicada en la Revista Páginas el 26 de septiembre de 1967 esta es probablemente la primera entrevista que le hicieran a Roberto Obregón, artista venezolano conocido por sus disecciones. Sus rosas, cuidadosamente disecadas, sanas, enfermas, decenas de veces repetidas como un ciclo inclemente, hoy reverberan como una de las metáforas más poderosas que nunca pretendieron explicarnos. Quedémonos con sus palabras: “Aunque nada trascienda, tómense mis disecciones como documentos”.  

La entrevista, sin firmar, muestra a un Obregón contradictorio, molesto pero con una amarga candidez. Todavía pintor, no había empezado a desarrollar su investigación sobre la rosa, obsesión que duraría hasta el día de su muerte, en 2003. Probablemente uno siempre reniegue de lo que habrá dicho a los veintiuno, pero este texto tiene un valor raro, vagamente premonitorio. Además de que el o la periodista se toma unas licencias que llegan a ser conmovedoras.  Lo transcribo exactamente como en el texto original.

Tiene veintiún años un aspecto adolescente. Aprendió a sonreír hace apenas unos meses. Pero sigue siendo ensimismado, callado y reacio a las confidencias como hace seis meses cuando —para gran sorpresa de todos— ganó dos premios en el Salón Oficial: El Premio Roma y el Premio Colegio de Arquitectos.

¿Quién es Roberto Obregón? Aparte de esos datos biográficos y de su aspecto físico, nada se puede sacar en claro. Su mundo interior como su pintura constituyen un rompecabezas y no obedecen a ninguna de las reglas trilladas con que estamos acostumbrados a enfrentar a un ser humano. ¿Qué piensa? ¿Por qué pinta? ¿Qué espera hacer?

No hay respuestas simples ni definiciones fáciles. A su edad, Obregón no parece creer en nada ni en nadie. Para muestra, he aquí parte del diálogo:

—¿Cuál fue su reacción al saber los resultados del Salón?

—Me sentí deprimido… Sí, deprimido. Es difícil de explicarlo. Quería y no quería algún premio… No siempre es bueno ser premiado… Es un compromiso y una limitación… Uno se siente obligado a buscar algo más, mayor calidad… Y pueden dañar porque envanecen…

—¿Qué le interesa más como pintor?

—El hombre, la vida, la existencia. Pero todo eso es un absurdo. La vida es un absurdo y por eso también mi pintura es una pintura del absurdo.

—¿Pesimista a los veintiún años?

—No creo ser pesimista, podría ser una actitud más objetiva.

—¿Qué espera de la vida?

—De la vida nadie espera nada. La felicidad no existe. Es solo un término, creado por el hombre. Lo que más me desagrada de la vida es la vida misma.

Y así, en una forma desconcertante, Roberto Obregón va sacando pedazos de su alma, con dolor y sinceridad. Porque en todo ello no hay pose, ni premeditación. ¡Imposible! A veces hasta resulta ingenuo en sus actitudes de hombre viejo. Y de pronto, asoma la inseguridad, la auténtica inseguridad de quien todavía no ha puesto cada cosa en su sitio. No se contradice pero pierde un poco de esa actitud nihilista, casi destructiva, hacia sí mismo. Reconoce que los últimos años y las experiencias más recientes lo ha cambiado. Y también admite la posibilidad de sufrir nuevos cambios.

—Esa forma de ser y de pensar que tengo ahora puede ser sólo una actitud transitoria. Yo mismo me doy cuenta de que estoy cambiado. Ahora, por ejemplo, creo que no hay necesidad de ser extremadamente agresivo para hacer o decir algo significativo. Comprendo mejor las cosas, la gente y la pintura misma… No es un cambio de compromiso. Es sincero y producto de la maduración.

El absurdo persiste

Pero si ha considerado sus opiniones anteriores, Roberto Obregón sigue fiel a la línea de pintura que le ayudó a salirse del anonimato a pesar suyo. Es una pintura que no agradará a todos, que chocará con los gustos y mentalidades de un público acostumbrado a otros temas y expresiones. Y la contradicción será aún mayor porque proviene de un muchacho excesivamente joven para tanta amargura.

Es evidente que a Obregón le deja completamente indiferente las reacciones que pueda provocar su pintura. Y uno se pregunta ¿dónde están las causas de esta actitud —pictórica y personal— que desde ya lo separan de cualquier otro pintor nacional, de cualquier tendencia?

Rosa enferma. Fuente: Bienal Sao Paulo

Rosa enferma. Fuente: Bienal Sao Paulo

Si indagamos en su vida no hallaremos nada concreto. O por lo menos, Obregón no lo explica. No tuvo mayores problemas ni en la infancia ni en la adolescencia. A los trece años decidió que sería pintor. Nadie se opuso a su deseo.

Ingresó en la Escuela de Artes Plásticas de Maracaibo y allí estudió durante dos años. Después salió porque, según explicó “tenía la sensación de que en cierta forma estaba perdiendo el tiempo”.

Desde entonces, se dedicó a pintar solo, sin maestros y sin guías. Y no le fue del todo mal. En 1961 participó en el Salón D’Empaire y obtuvo un premio de estímulo. Tres años más tarde, realizó su primera individual en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo.

A pesar de su tendencia a permanecer callado o disminuir las cosas cuando se trata de sus éxitos, Obregón se ve obligado a reconocer que en esa primera aventura artística, seria y personal, “le fue bastante bien”.

Y así fue: vendió prácticamente todo lo exhibido. Pero él no está satisfecho ni con esos comienzos prometedores ni con los éxitos que más tarde obtuvo en Caracas.

 

“En Maracaibo se hace difícil trabajar —dice. Hay muchas dificultades para exponer. Las pocas galerías que existen tienen todas carácter oficial”.

Por eso tomó la decisión de trasladarse a Caracas. Está aquí desde hace seis meses. Los dos premios del Salón Oficial le abrieron muchas puertas y la gente comenzó a interesarse por él. Los cinco cuadros que había enviado al Salón forman parte hoy de importantes colecciones. Y no le faltaron ofertas para hacer exposiciones en las galerías.

Y entonces Obregón comenzó a desconfiar. Aquello de que los premios, además de comprometer y limitar puedan envanecer, parece que se había transformado en una obsesión. No quería ser víctima del interés momentáneo. Preparó su próxima exposición en la Galería 22 por la sencilla razón de que su directora, Nelly Baptista, se lo había solicitado antes de que él fuese un “premiado”.

Es apenas una de las tantas contradicciones de la vida de Roberto Obregón. La más increíble y la más injusta es sin duda su actual condición: muchos se interesan por su pintura, se lo considera un valor, un gran valor para el futuro plástico venezolano, pero Obregón lleva seis meses buscando un empleo, un empleo cualquiera que le permita vivir modestamente como a él le gusta, y que así le garantice un mínimum de tranquilidad económica para poder seguir produciendo sus pinturas desconcertantes, absurdas, pero que con toda seguridad constituyen el germen de algo poderoso que, como la misma personalidad de Roberto Obregón, puede ser el signo de nuestro tiempo, que para muchos es absurdo.

*Fuente: Archivo CINAP, Galería de Arte Nacional

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