El Reflejo de Lucía Pizzani

Mi artículo en la edición 20 de Revista OJO: Luego de una década de silencio el Premio Eugenio Mendoza a las artes reconoció a Lucía Pizzani como principal galardonada. De la Ofelia del sena y otras desconocidas es el nombre de la obra, una reflexión en técnicas diversas que trasciende el tema del suicidio y del género

Lucía Pizzani

Lucía Pizzani

Al ingresar en la sala Mendoza el espectador siente, bajo los pies, como si entrara a un río. Los pasos, cuidadosos, se acercan a un rostro que se levanta sobre el caudal. Descubrimos, en una esquina, al Sena. Montados sobre carpetas especialmente diseñadas por la artista, unas pestañas de metal sostienen los rostros de una desconocida. Sus facciones, difuminadas por la acuarela, revelan una historia.

Gracias a esa musa de plácidos ojos Lucía Pizzani ganó el XII Premio Eugenio Mendoza, después de que tuviera diez años sin convocarse. Su trabajo se titula De la Ofelia del Sena y otras desconocidas y vincula la investigación documental con el arte, roza el activismo con elementos como el video, la escultura y la noticia.

La supuesta máscara mortuoria de una joven que se ahogó en el Sena alrededor del año 1880 es la metáfora que utiliza Lucía Pizzani para construir su discurso. Su intención era llevarla a la contemporaneidad, al tema de género que siempre ha sido una de las preocupaciones de Pizzani, cuya obra tiene referentes del body art de los 70, de la fotografía perfomática de artistas como Ana Mendieta y Francesca Woodman.

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Ese “imposible espacio de reflejos” que, a decir de Borges, construye el cristal, el agua, hace eco en la obra de Pizzani: “A través del espejo entras en esa otra dimensión donde estás alienado, donde está un fantasma, un segundo tú que no es materia: es solo imagen”. Esa es una de las estrategias en donde se introduce La desconocida para dialogar con el duplicado, el de un rostro que no existe. “La máscara mortuoria es el duplicado que vence a la muerte”, afirma Pizzani.

Uno de los atractivos de la obra fue la serie de carpetas de fibra, con la crudeza de un archivo policial, que estaban disponibles para que el público leyera historias de mujeres suicidas. Pizzani explica su intención: “Quería llevar la metáfora a lo real, al tema noticioso. Son cuatro casos de suicidios: el de la adolescente, la madre, el cuerpo no identificado, y la joven inestable, transgresora. En ellos ves cómo cada sociedad trata la noticia”.

A través del video quiso rendirles homenaje: “Tratar de resucitarlas, de traerlas a la vida. Hacer una recreación del acto de las cuatro. Son cuatro cuerpos distintos que se lanzan al agua. El video trae esa idea de la resurrección que se personifica en la máscara”. Asegura que en las noticias, cada una de países distintos, las mujeres no suelen ser las protagonistas y las quiso ubicar en el centro de la historia.

A pesar de que vive en Londres, produjo su trabajo en Venezuela. Para Pizzani ha sido importante mantener contacto con el país. No regresa, confiesa, por la inseguridad, por la crisis, que siente es parte de las razones por las cuales el premio tuvo diez años sin convocarse. Se siente honrada por participar en el grupo de este año confirmado, entre otros por Iván Candeo, Suwon Lee, Juan Pablo Garza, Starsky Brines.

El reflejo del agua se vuelve el reflejo del espejo, de la imagen como resistencia. Eso es para Pizzani la convocatoria. Confiesa, agradecida, que el jurado considera que su obra va más allá del tema de género, de un dolor personal, para hablar del dolor de un país. Es el despertar de la Ofelia.

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