Las cartas del gobernador

Durante el mes pasado, los amigos de gkillcity.com me asignaron entrevistar a Henrique Capriles Radonski para su web. Acompañamos al gobernador durante uno de los recorridos semanales que suele hacer en los pueblos más pobres del estado. Allí es donde construye su liderazgo y se resume una de las coyunturas de la oposición venezolana. Les dejo algunos extractos, junto con fotos de Tomás Mujica.

Capriles Radonski recibe las peticiones de los vecinos. Foto: Tomás Mujica

Capriles Radonski recibe las peticiones de los vecinos. Foto: Tomás Mujica

El gobernador venezolano Henrique Capriles Radonski recorre los pueblos de Miranda, su Estado, y en cada una de sus casas tienta la seguridad de sus paredes. Palpa un país en sacudida y los signos de resquebrajamiento de quince años de revolución bolivariana que se estrellaron en el cáncer de su líder, Hugo Chávez.

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El hombre acusado por la oposición de no ser capaz de articular un mensaje que trascienda promesas electorales, se mantiene como un creyente del trabajo cara a cara. En sus actos es interpelado, más que por angustias nacionales, por asuntos de gestión. Acusa de frágil el gobierno de Nicolás Maduro: “El pueblo chavista, al que respeto, está profundamente huérfano”. Dice que el gobierno se sostiene cada vez más sobre el control institucional, no sobre la base del apoyo popular. Una especie de inercia sin rumbo. “Quienes están ahora en el poder no tienen la más mínima visión hacia dónde llevar al país”. Como respuesta a los reclamos que le hace tanto la dirigencia opositora como sus seguidores, Capriles cree en reconocer los descontentos de los diferentes sectores, sin desestimar al otro: “Les pido solidaridad en el momento que vivimos”. Se pregunta entonces por qué ese pueblo chavista no termina de dar el paso. Aventura una respuesta: “Tienen una desconfianza del discurso opositor que más se ha hecho escuchar estos últimos meses. El pueblo chavista entonces dice: aquí estoy jodido, estoy pasándola duro, pero ¿voy a salirme de aquí a ese discurso excluyente, polarizante? No, hermano”. Esa realidad que se expresa en las cartas que recibe y en los relatos de quienes se lee acercan para pedir ayuda es un síntoma de lo que le reclaman: no ser capaz de aglutinar una mayoría en una visión de país que mire más allá de los problemas cotidianos y se transforme en una alternativa al chavismo.

 

 

Capriles Radonski recorre El Chinchorro, en Barlovento, Estado Miranda

Capriles Radonski recorre El Chinchorro, en Barlovento, Estado Miranda. Foto: Tomás Mujica

Capriles confía en el trabajo del peregrino, de quien toca las puertas de las casas de los más pobres y los escucha: sostiene bajo el brazo un fajo de cartas que le hablan sobre las cuitas de una Venezuela que dice conocer como la palma de su mano. Precede al Gobernador el rumor de las carpetas que contienen más cartas. De tinta azul, negra, roja, del grafito de los lápices, un río de descontento que serpentea por toda la curva de El Chinchorro entinta los papeles que sostienen con ahínco y diligencia cada uno de los solicitantes. Lo rodean pobladores de comunidades vecinas que aprovechan la oportunidad para entregarle en persona sus peticiones. El gobernador Capriles las recibe todas. Se le acumulan en la mano derecha como a un pasante al que le exigen sacar muchas copias, con la diferencia de que él mira de frente a cada uno de sus interlocutores: les pregunta por sus necesidades, les responde con certezas. En ningún momento luce atribulado por el leviatán que lo zarandea y le entrega misivas escritas en hojas blancas, en folios arrancados de cuadernos.

En su carta a Capriles, Carlos Delgado Flores, director del Centro de Investigación para la Comunicación de la UCAB, le pide que recurra a la potencia del profeta para denunciar la injusticia. Desestima la censura frente a una situación económica catastrófica en que la corrida de anunciantes, la falta de papel y las multas corroen el accionar de los medios. Hace falta, según Delgado, un cambio de paradigma y cree, precisamente, que el discurso que encabeza Capriles ha sido tímido en denunciar “el imaginario mágico, rentista, petrolero”. En Venezuela, afirma, más del 50% de la fuerza productiva no pasa del séptimo grado de educación básica y más de 40% de los jóvenes no considera el estudio como una opción para progresar. La encrucijada de la dirigencia en Venezuela, alega Delgado es “gratificar ese imaginario o desmontarlo”. ¿Qué implica abatir esa concepción en Venezuela? La respuesta es quizás el punto de honor más importante de cualquier conflicto. Delgado lo sentencia sin pruritos: “Eso supone arriesgar el estatus quo”.

 

Detalle de una de las cartas

Detalle de una de las cartas. Foto: Tomás Mujica

Las cartas están escritas con la densa tinta del petróleo.

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