¿Reverón luz de Venezuela?

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Ciento veintisiete años cumplía Armando Reverón cuando se decidió volver a enterrarlo. Como tributo, en Venezuela se celebra el Día del Artista Plástico el mismo día de su natalicio. Y en lo que pretendió ser un gesto de reivindicación histórica, el presidente Nicolás Maduro encabezó el traslado de sus restos al Panteón Nacional.

El hombre que decidió crear su universo en Macuto fue devuelto al centro de Caracas, donde ahora comparte morada con militares y expresidentes.

“Reverón luz de Venezuela” es el eslogan de la campaña con que el gobierno difunde su obra desde que en 2014 se declarara Bien de Interés Cultural. Aunque en la Galería de Arte Nacional el homenaje no fue capaz de separarse de la reminiscencia fúnebre, pues el pasado mes de enero se inauguró en el segundo piso del edificio una muestra con este título: Reverón llena de luz el Panteón Nacional.

La insistencia con la metáfora de la luz no sería tan inapropiada si no fuera porque, además de ocultar sus restos entre mármoles, no se hizo ningún esfuerzo por mostrar la obra en su materialidad hiriente, en sus complejidades. En vez de eso, se celebra cual si fuera una hazaña identitaria, como si Reverón hubiese pintado imágenes de la venezolanidad, lienzos históricos, obras a la usanza de Tito Salas o Martín Tovar y Tovar.

El acto solemne

El acto celebrado consistió en una procesión en la que llevaron dos pequeños cajones de madera hacia el recinto de héroes y heroínas de la Patria: uno con los restos de Armando Reverón y otro con los de César Rengifo. Freddy Ñáñez, el ministro de Cultura, se congratulópor la “reivindicación histórica del legado de estos dos grandes creadores”.

El ministro defendió que tanto Reverón como Rengifo “afianzan la estética de una venezolanidad fuerte”, sin dejarnos saber qué es lo que eso significa. “Afianzan la estética de una venezolanidad fuerte en nuestra capacidad de crear lo nuevo, de repensar la historia y de transformar el presente trasgrediendo (sic) los límites de lo posible”. Y todo para “preservar la identidad del venezolano”.

Las supuestas transgresiones de estos artistas son, para el ministro, una orgullosa señal de estabilidad: “demiurgos de la inagotable imagen del nosotros”, dijo Ñáñez con prosopopeya.

Cultura y mausoleo

Durante la última década, entre las acciones culturales más visibles del gobierno venezolano está inaugurar cuarteles que son tumbas, construir panteones, exhumar cadáveres. Quizás a eso se refiere el ministro con la inagotable imagen del nosotros: la cultura vuelta un epitafio, el espectáculo de una nacionalidad que yace en mausoleos, en la narración de gestas bélicas, en difuntos.

No hay gesto más desproporcionadamente contrario a la obra de Armando Reverón que llevarlo al Panteón. Reverón fue un gran artista de la terredad, del mar y de la mierda, un pintor con fuego, capaz de crear incendios desde cuerpo hasta fundar un afuera. Un artista capaz de amurallar su mundo con instalaciones que no por precarias dejaban de ser lúcidas.

Que hoy se le celebre como “el pintor de la luz” es un desagradable lugar común, un espacio de domesticación para un artista que se puso en riesgo a sí mismo para crear una poética donde el ser comulgara con la locura.

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