Accrochage y algo más

Por Eugenio Espinoza

Nota: Transcripción del texto publicado en el diario El Universal de Caracas, domingo 13 de octubre de 1991. Una versión ligeramente modificada aparece publicada en el precatálogo de la exposición CCS-10

Accrochage y algo mas.png

El trabajo de Alfred Wenemoser, Roberto Obregón, Héctor Fuenmayor, Antonio Hernández-Diez, Asdrúbal Colmenares, Pedro Terán, Víctor Lucena, y este autor, no es arte, ni antiarte, sino algo que está entre ambos términos, indiferente a la manipulación artística, e interesados en las concepciones críticas o filosóficas. Creo que en el fondo hemos venido atacando la noción de obra de arte, y conquistando otros espacios, para tener más cerca la propia naturaleza del arte en nuestra propia realidad, superando todo tipo de convención social o cultural.

Nuestro trabajo cada vez exige más desprendimiento de innecesarios recursos, de menos ilusiones vagas y de un mayor respeto y una total adhesión lógica por el pensamiento irracional.

El pensamiento racional está en el público. Nuestras obras no son fácilmente aceptadas por el público educado ni el público popular. El primer grupo está a merced de la gris burocracia de la cultura que los obliga diariamente a ser cada vez más insensibles o a estar indiferentes a las transformaciones necesarias del trabajo del artista (qué contradicción). El segundo grupo es aquel que quiere ver el arte para verse a sí mismo, o para ver lo que generaciones anteriores vieron. Sólo quieren decorar sus emociones y no quieren ser sometidos a nuevas experiencias. Este es generalmente el público del artista moderno de hoy, y este artista está muy decidido a realizar su trabajo bajo las condiciones más inhóspitas y por lo tanto esto afecta su trabajo y de seguro lo hace más radical, y más “duro de matar”.

Tratar de entender el trabajo de estos artistas es necesario: contamos cada vez con una cultura más formada, mejor preparada académicamente, pero cada vez más incapaz de entender o apreciar el arte, es necesario acercarse a sus exponentes más contemporáneos. Entenderlo no es un trabajo teórico, es un acercamiento espontáneo. El público que lo rechaza se va quedando atrás mientras el artista avanza; en el tiempo, el público no lo alcanzará ni el artista lo esperará. Y el diálogo siempre será imposible, y así por supuesto seguirá siendo solamente un arte para una élite.

Los cinco artistas que conforman la exposición “Accrochage” son una muestra de la delirante preocupación que ha caracterizado las artes en Venezuela, y que se suman a los esfuerzos de la tradición contemporánea, sea Reverón, Brandt, Navarro, Otero, Soto, Gego, o Marisol.

En 1984 habíamos formado “Cincoincidentes”, bajo las mismas premisas, aquella vez quizás mucho más radicales y complejas y hasta más incomprendidas. Siete años más tarde, la misma experiencia es casi repetida, la misma energía está presente y se acumula el deseo de una mayor expansión o una mayor explosión.

¿Quién ha tratado de comprenderla obra de Wenemoser últimamente?, uno de los trabajos conceptuales que absorbe la mayor escala posible con el menor de los recursos materiales y con la concepción de espacio más desafiante hoy día.

Wenemoser acumula de manera fresca y espontánea todas las experiencias de los “performancistas”, escultores minimalistas y expresionistas europeos, para tener como resultado un trabajo denso y complejo filosóficamente, en donde la participación del público tiene un carácter existencial y dramáticamente urbano. Es justo aclarar que su trabajo no se inicia aquí en Venezuela, sino en Viena desde los finales de los 70, en donde su vinculación con los movimientos de vanguardia era muy activa.

Su sentido de la escala, del volumen y del silencio es una dimensión poco vista en el país. Su concepción del vacío y del espacio se convierte en una estructura sicológica e irracional en donde el drama del arte se expresa con total indiferencia, alejándose radicalmente de los conceptos escultóricos tradicionales. En sus esculturas Wenemoser se acerca más a un espacio teatral o escenográfico (sin que esto lo sea realmente) en donde es muy importante la relación con el espectador la cual necesita de su presencia, para luego ser rechazada.

Con medios diferentes pero participando de las mismas necesidades, está el trabajo de Hernández-Diez en el Ateneo de Caracas, junto al de Alfred Wenemoser en una exposición tiernamente titulada “El espíritu de los tiempos”. Ambos tocan un mismo punto de partida: Beuys, y se expanden con resultados muy diferentes, Hernández-Diez, comprendiendo las limitaciones sociales de la pintura y la escultura, estructura toda su obra dentro de las múltiples posibilidades del video-art o video-escultura, integrando forma y contenido dentro de una sola pieza, logrando una violenta y profunda revelación. El trabajo de Hernández- Diez ha sido una demostración maestra de una capacidad excepcional que supera las muchas innovaciones traídas de otros países, especialmente Estados Unidos, que pretenciosa y arrogantemente nos han querido imponer.

La obra más reciente de Hernández-Diez y Wenemoser en el Ateneo de Caracas los hace acreedores de una dimensión nueva y única en el país.

En “Accrochage”, se encuentra participando Héctor Fuenmayor (por primera vez luego de casi diez años de ausencia en el país) quien es un artista que utiliza el lenguaje y la imagen como una estructura en movimiento, conjugando verbo y plástica dentó de una concepción que es siempre crítica e irónica. Su obra (que no es pictórica ni escultórica) siempre ha estado acompañado de retruécanos y juegos de palabras que la han hecho buscar en el uso vulgar del lenguaje la exacta destrucción de nuestras cotidianas defensas frente a la verdadera expresión, sea de una idea o de una falta de idea que codifican nuestra comunicación.

Fuenmayor no encontró, ni en la pintura ni en la escultura ni en el dibujo ni en la fotografía el medio ideal que le permitiera expandir sus ideas, tuvo que ser un elemento mucho más espontáneo, directo, práctico y más destructible como la fotocopia, que como Claudio Perna, no la estaba descubriendo, simplemente la utilizó fríamente como consecuencia lógica y muy natural que se adaptaba a sus necesidades expresivas para acentuar sus ideas y las variaciones del lenguaje.

Sus trabajos más recientes buscan ahora solidificar estas fotocopias dentro de un espacio escultórico, pero que no rechaza su naturaleza gráfica y conceptual y son vistos como planos colgados de la pared o agrupados totémicamente de una manera casi ritualista, acompañados de una atmósfera delicadamente religiosa.

El silencio en la obra de Fuenmayor es místico y proyecta al hombre dentro de su propio vacío casi sin esperanza.

Roberto Obregón, un artista de artistas, es el maestro en rechazar o abandonar todas las ambiciones que acompañan la maquinaria del éxito.

Obregón suprime su deseo de ser artista y por largos años crea una actitud de retardar cualquier acto creativo; así destruye no solamente concepciones sino el tradicional papel del artista que es obligado a tener “éxito”.

La ironía, el delirio, su angustioso malestar cultural lo llevan a buscar otros mecanismos que le permitan crear otra “obra”, que sufra otras consecuencias y que le permita salvar su intimidad.

Escoge un elemento que ya es casi simbólico, la rosa; y lo convierte en su propia creación y negación.

La rosa es objeto de oscuras obsesiones y dramáticas cirugías.

El placer y el dolor se unen deliberadamente y la sospecha de ver lo que se oculta, se hace constante, y es precisamente lo invisible en su trabajo lo que causa interés; su proceso privado e inaccesible que es capaz de proyectarse secretamente.

Sigfredo Chacón es el artista más abstracto de este grupo y representa una tradición de la pintura que aquí en Venezuela comienza con Otero.

Sigfredo trata de expandir la estructura pictórica hacia una visión múltiple de una superficie monocroma, constituyendo así otro cuadrado que enmarca el espacio, este por su característica del “cuartico” se convierte en casi una instalación o en un espacio para penetrar.

La abstracción en su trabajo pertenece a una expresión pictórica difícil de conseguir en los otros artistas, en donde sus trabajos están designados por un delirio personal (incluso el mío).

Chacón progresivamente ha desarrollado una pintura de carácter minimalista, casi monocroma, y aislada rigurosamente dentro de una estructura racional, sin tener motivos ni una razón de “que pintar”, sino haciendo cada vez del cuadro una superficie plana que se repite a sí misma con absoluta indiferencia para luego trascender buscando una posible secuencia o “instalación” dentro de un espacio dado.

El carácter expresivo de su obra está en las acumulaciones de capas pictóricas que evidencian su proceso de construcción. Sigfredo refleja en su pintura una mente que antecede a sus resultados controlando y evitando lo inesperado, respetando así las leyes del arte minimalista o la pintura conceptual.

Sus búsquedas lo llevan hada una pintura hermética capaz de proyectar una energía pictórica, autorreflexiva y rigurosamente condensada en sí misma.

Hablar de mi propio trabajo en este texto me hace sentir un poco extraño, tal como si fuera otro, lo haré por ejercicio, más que nada.

En este trabajo me interesó mucho el carácter de instalación que tienen esos simples dibujos sobre papel.

El estampado impreso en la superficie de la pared crea una estructura visual sumamente rica y marginal oficialmente de naturaleza cursi, que congestiona la presencia de los dibujos haciendo eficazmente complicada su apreciación.

Los dibujos representan una especie de inventario de la cerámica precolombina que han dejado de existir en Latino América, como asimismo un inevitable deseo de jugar con mi propio y contradecir constantemente mis propios resultados.

#accrochage, #alfred-wenemoser, #arte-venezolano, #caracas, #eugenio-espinoza, #hector-fuenmayor, #roberto-obregon, #sigfredo-chacon

El hacer aéreo – entrevista a Alfred Wenemoser

Entrevista al artista Alfred Wenemoser publicada en Papel Literario de El Nacional con motivo de su exposición Retrotransformación en el Espacio Mercantil, Caracas

View this post on Instagram

Alfred Wenemoser1992 por RA

A post shared by Ricardo Armas (@rarmas7) on

 

Alfred Wenemoser aprendió muy pronto a sacrificar los objetos.

De niño, internado en una escuela dirigida por monjes en su Austria natal, solía jugar con pinturas de laca en su dormitorio, haciendo que los colores se mezclaran. De pronto, en medio de estos experimentos, volcó uno de los recipientes sobre el piso de su habitación, una superficie de valor histórico que quedó teñida de violeta.

Luego de un aluvión de regaños y amenazas de expulsión, su profesor de arte, el orfebre del monasterio, intercedió por su destino: “Los monjes decidieron no expulsarme sino darme un taller”, afirma el artista, décadas después. Estos primeros intentos con la pintura se convertirían rápidamente en pasado. En su obra ha ejercitado el desvanecimiento como desafío a las convenciones del arte. “El sacrificio ha sido una constante en mis trabajos: la negación es un sacrificio, ese es el trasfondo”.

La trayectoria de Wenemoser en el país ha estado ligada a la ruptura con el arte moderno, a una generación que dejó de creer en la representación pictórica para expresarse a través de nuevas estrategias. Cuando llega a Caracas en 1980 se une a un contingente de artistas que cultivaba estrategias conceptuales: Héctor Fuenmayor, Pedro Terán, Antonieta Sosa, Claudio Perna, Roberto Obregón, Yeni & Nan, Carlos Zerpa, Diego Barboza. Viene influido por su amigo Peter Weibel, quien toma una posición paralela frente al violento accionismo vienés, pródigo en escatología y excrecencias, y se alinea al arte conceptual. Wenemoser estaba especialmente fascinado por los fenómenos de la percepción, en sus extremos patológicos, esquizoides, en cómo la sinestesia altera el cableado de los sentidos.

En Venezuela, Luis Herrera Campins recibe de Carlos Andrés Pérez la presidencia de un país boyante en petrodólares, que comienza a endeudarse a ritmos vertiginosos. Wenemoser llega en un terreno abonado desde principios de los sesenta por las andanzas de El Techo de la Ballena con sus Homenaje a la cursilería y posteriormente a la necrofilia; el montaje de Imagen de Caracas, instalación multimedia de Jacobo Borges hecha en 1968; el Impenetrable de Eugenio Espinoza, una tela cuadriculada que se instaló en el Ateneo de Caracas y viajó por el país junto a Claudio Perna en los setenta. Es una época en que este tipo de trabajo empieza a encontrar pequeños espacios en la institucionalidad hasta que alcanza una suerte de apogeo.

Agrupados por sus intereses de ruptura, los no-convencionales desconocen maestros. “Nosotros no usamos ese término –afirma Wenemoser–, nuestra estructura es horizontal, confiamos en el otro, en el amigo. Rompemos con la escuela: la sociedad es nuestro maestro”. Su búsqueda por espacios de exposición lo lleva, junto a Diego Barboza, a tomar una casa abandonada en 1981, pero fracasan y al día siguiente los expulsan. “A nosotros nos toca el arte de los pasillos, del proyect room, espacios para la experimentación”.

Un evento ya histórico en las artes plásticas venezolanas agrupa las propuestas de estos artistas de los rincones, como también los define la curadora venezolana Gabriela Rangel. En Acciones frente a la plaza, evento organizado por Fundarte en ese mismo año, Wenemoser presenta “Persona a persona”, un suceso que arrastra a centenares de espectadores. Como pre-evento, casi stunt publicitario, se entierra en los jardines del Parque Los Caobos, y apenas deja su cabeza al descubierto: “Me expuse a la salvación espontánea”. Cansado de haber cavado su propia tumba, apenas una hora después se siente a punto del desmayo y pide que lo saquen.

El evento llama la atención. Wenemoser se instala en una carpa en la Plaza Bolívar y recibe a su audiencia, uno a uno, en un “anti-performance”, así denominado por el artista. Nadie conoce lo que le sucede al otro, los asistentes deben confiar en las versiones de quienes acaban de tener su encuentro personal. “Es un evento que crece, que se deforma, que incorpora el rumor, la exageración”. Wenemoser escandaliza cuando se corta los labios con una cuchilla y le pide un beso a una concurrente. Se convierte no solo en un laboratorio de la experiencia sino de las tensiones entre las subjetividades y cómo la verdad, el “hecho” del performance, se desvanece entre diferentes versiones.

*          *          *

La intensa actividad de los primeros años de los ochenta se esfuma y el arte conceptual retrocede ante un nuevo auge de la pintura. “Éramos un poder sin recursos”, afirma Wenemoser. “El CONAC financia nuestra participación en la XVI Bienal de São Paulo. Eso fue un reconocimiento: vayan, ahí tienen un caramelito. Pero el apoyo no fue más amplio”. Diego Barboza se ve obligado a tomar los pinceles para sobrevivir, Héctor Fuenmayor se retira a un monasterio budista en Nueva York. Los rincones no convencionales se estrechan ante un mercado que se ensancha y busca obras vendibles, no experimentos.

Siete años sin mostrarse son los que le toman a Wenemoser para reaparecer.

Como escultor, Wenemoser pareciera heredero del sfumato, técnica que se le atribuye a Leonardo Da Vinci en la que se superponen capas de pintura, hasta borrar el trazo del pincel y disolver las líneas, que se funden en el horizonte. “Aunque hago instalaciones, me siento escultor. Me interesan las complicaciones espaciales, las plegaduras, los espacios divididos que se complementan entre sí, que tú terminas de construir con la mente”.

 

Detalle de “Pastonada” (1991) obra de Alfred Wenemoser🔆

Una foto publicada por Jesús Torrivilla (@torrivilla) el 8 de Feb de 2015 a la(s) 6:51 PST

En 1991 se exhibe en la sala RG la instalación “Pastonada”. Dieciocho plegaduras –textiles mojados en cemento– descansan en el suelo como si la vista intentara conjurar una vibración. Wenemoser cubre las entradas de luz de la sala y envuelve las paredes con una escritura ilegible sobre una cinta de papel perforado. Del techo cuelgan tubos de luz ultravioleta dispuestos para ayudar a leer los caracteres indescifrables. Recurre a la etimología de complicación: viene de complicatio, es decir, plegadura. “Es el pensamiento lo que se pliega, se dobla en una división infinita”.

Wenemoser afirma que le interesa el instante en que un elemento se concreta en algo metafórico, un hacer evanescente, aéreo, de materialidad discutible. Justo cuando la percepción tienta a la sinapsis, sonríe con algo de sarcasmo y apaga la luz: su obra no es amable para un público que busque explicaciones o argumentos gratuitos. El hermetismo es su estrategia. “Me interesa que haya puertas cerradas, esa sensación de ser excluido”.

En un sucesivo ejercicio de negaciones, la carrera de Wenemoser se ha encontrado muchas veces con esos portazos. Su primer proyecto en Caracas es uno. Animado por visitas similares en Austria –encubiertas por amigos estudiantes de psicología–, intenta entrar en un psiquiátrico para trabajar con los enfermos y sus estados alterados de percepción. Se lo prohíben y aprende una de sus lecciones más importantes. Así lo dice: “la obra de un artista no puede estar por encima de un hombre que sufre”. Prefiere esconder esas historias en paredes indescifrables, plegar las heridas, como un suelo regado de un sfumato violeta, evanescente.

#acciones-frente-a-la-plaza, #alfred-wenemoser, #arte-venezolano, #caracas, #espacio-mercantil, #pastonada, #performance, #retrotransformacion

Guía de instrucciones para observar una reseña de lenguajes de acción

Por Marco Antonio Ettedgui

Nota publicada en el diario El Universal de Caracas el 24 de diciembre de 1980, con motivo de las reacciones en torno a Arte Bípedo, muestra de performance organizada en la GAN por el mismo Marco Antonio Ettedgui

Ettedguinformacion

Cuando decidimos emprender la tarea de Arte Bípedo sabíamos que lo que nos venía era una labor quimérica y una consiguiente lucha ante una crítica que estaría dividida en conservadora y liberal.

Estábamos consciente de la arriesgada labor, sabíamos que nos enfrentaríamos a calificativos superfluos o inteligentes. Pero no nos importaba, más bien nos atraía la sensación.

Esta guía de instrucciones está dedicada especialmente a responder los cuestionamientos de la crítica y de su filum “Crítica Conservadora”.

De igual manera es un espacio que servirá a todo tipo de público y de artistas como llaves para observar correctamente una reseña de lenguajes de acción. Esto puede variar desde Arte Bípedo hasta el Festival de Vanguardia en Nueva York o el Festival de Teatro en Venecia. Todo tipo de trabajo que reúna a catorce artistas de catorce sensibilidades presentándose juntos en una invasión a un espacio arquitectónico para alterar el orden y, si se quiere, violarlo con cariño.

Sin pedancia, creo que al filum de críticos reaccionarios esta guía será de gran utilidad para el futuro cuando otros “vanguardistas” —y esta vez sí uso el término para destacar una reseña avanzada de arte— presenten sus ideas sin vergüenza a un público que espera tener una referencia de la labor del nuevo arte venezolano.

INSTRUCCIONES

1. LA VISUALIZACIÓN DE LA OBRA DE ACCIÓN

Amigo crítico, porque haya leído el texto “Cómo mirar la pintura” de Jean Guichard Melli, no significa que esté en capacidad de admirar en todo detalle una pieza de arte de acción.

Pero si este es su texto de mesa, voy a recordar un párrafo elocuente sobre el enfrentamiento de la persona a la obra de arte: “El ojo es un órgano maravilloso, instrumento de sentido privilegiado (por su sensibilidad, su finura, su precisión). Sus recursos normales son muy extensos. Con un poco de atención y de entrenamiento pueden revelarse con toda su riqueza. ¡Hasta qué punto no se afinan en los ciegos el tacto y el gusto en los degustadores profesionales!”. Y continúa en otra parte: “Pero la obra de arte exige la movilización total de esta mirada ejercitada, lúcida, activa”.

Ante la obra de acción, el uso del ojo debe agudizarse más aún que cuando se disfruta de una obra pictórica. No lo observo por niveles de importancia entre uno y otro sino porque en aquella, la pieza está en verdadero y real movimiento. Este tipo de arte no se puede admirar mientras se conserva con los amigos: todo lo contrario, el tiempo de permanencia ante la acción debe ser mayor, más bien, completo, hasta que el arte finalice. En Arte Bípedo no se puede presenciar el trabajo de uno mientras se está destrozando verbalmente la labor de otro y esperando un tercero para verlo con negatividad. El detallismo crítico que hablaba debe estar abierto, sin prejuicios ni prelaciones viciadas que luego desemboquen en una página histérica de algún domingo en algún diario. El objeto de la percepción de una performance u otro tipo de acción debe tener claro que el arte accionista evoluciona y, si no lo hace, cambia por completo; que los detalles están en vivo; que está compuesto de fases claras necesitadas de una amplia ‘movilización total de la mirada’”.

2. LA REFLEXIÓN SOBRE EL ENTORNO

En las piezas de arte de acción, el entorno está relacionado más que nunca con la pieza en sí. Específicamente Arte Bípedo tuvo que ser en los espacios de la Galería de Arte Nacional porque todo el arte que se vio allí ese domingo estaba relacionado con las piezas que colgaban en las paredes.

Me explico —y creo que también, me repito— los catorce artistas que nos presentamos allí escogimos una pieza de la “Indagación de la Imagen” en la GAN y a partir de ellas elaboramos nuestro trabajo. Pongo los ejemplos específicos: Carlos Castillo tomó como punto de partida la manera de percibir la obra, algo similar en lo que se inspiró Wenemoser; Yeni y Nan tomaron diapositivas de las pinturas de la sala del realismo social e investigaron acciones sobre y a partir de ellas; Pedro Terán escogió el estudio para Torso Nº1 de Cristóbal Rojas para su Nº I Estudio de Torso; Javier Vidal estudió la estructura de la obra artística y por la palabra incitaba a crear una escultura viviente; Vivas Arias arranca de la arquitectura misma de la GAN, elemento que yo también tomé; Zerpa con su estilo desarrollado sobre rituales elaboró su acción frente a las imágenes de creaciones religiosas con la figura del doctor de “El Niño Enfermo” de Michelena; Obregón se inspira en el estilo de Elisa Elvira Zuloaga y escoge intervenir sobre el jardín; Amber Terán, bajo la mujer vegetal de Abreu, dramatiza una acción; July Restifo transforma en voz y sonido cada una de las pinturas de la Sala I; Hernán Suárez parte de las líneas de Picasso para presentar vestuario y Winston Cortez rompe la individualidad de la pintura con un “Collage colectivo” en vivo.

De manera que la unidad de lugar y moral tenía que ser un museo, no un aeropuerto ni una casa de estudios, ni el parque Los Caobos, ni el terminal de pasajeros del puerto, por la sencilla y pura razón de que allí no hay cuadros ni esculturas.

La pieza de acción debe relacionarse con el entorno para que tenga validez. Lo mismo la crítica debe tener consciencia de que el artista conoce el ámbito en el que trabaja y no lo hace allí por moda o arribismo

3. El PROCESO DE LA ACCIÓN

Respetamos la acción inmediata, la improvisada, porque tiene razón de existir. Sin embargo y lamentablemente en Arte Bípedo no hay improvisación más de la que permite una acción premeditada y concreta.

El crítico debe conocer el proceso de creación de Arte Bípedo para luego opinar seriamente en una página de diario.

Un día se me ocurre presentar mi trabajo en la GAN para la serie “Encuentro de Hoy”. Después de conversar con Graciela Pantin, salgo de las puertas y pienso que otra intervención en los pasillos es una tontería, que sería otra acción aislada, un golpecito y no El Golpe. Pensé que podía ser una acción conjunta con el grupo Autoteatro y así lo propuse. Fue aceptado por la GAN y por Autoteatro. Sin embargo, acuso a mi escepticismo y a mi ansia por hacer algo histórico, destruyo la idea de que este grupo actúe en la GAN y extiendo la invitación a varios artistas de performance que yo conocía. El método fue el siguiente: repartía una planilla elaborada por mí donde el artista era invitado al evento “Visita al museo” y en donde se podían esbozar algunas ideas de la propuesta. Hubo cierta receptividad. Luego tuvo más y más hasta que recogimos catorce artistas importante de la acción venezolana. Ya no podía ser “Visita al Museo” de Autoteatro sino algo más sólido como trabajo de conjunto. Llegó a ser Arte Bípedo porque todos allí trabajábamos con el cuerpo para presentar(nos) como el propio arte. Luego cada uno de los involucrados extendió conceptualmente la propuesta: discutimos, la cambiamos, hasta resolverlas y presentarlas en limpio a la GAN donde acertadamente nos redactaron dos documentos aclaratorios del porqué —si acaso había que darlos— de esta reseña venezolana de lenguajes de acción.

Con la desnudez de este proceso secreto, parto en mil la malicia de condenar Arte Bípedo como una moda. ¿Es moda reunir a catorce venezolanos para trabajar con el cuerpo en la GAN? No la conozco, en realidad no conozco esa moda ardua de crear una idea específica para ser mostrada al público. No conozco la moda joven de configurar una estructura de producción, de lograr un pago para cada de nosotros. Las modas tienden a ser elegantes, lúcidas y cómodas. Arte Bípedo no fue fácil, pero se hizo. Y el crítico sabe que a pesar de su resistencia queda en la historia, no solo la que se hace todos los días, sino en la que va a quedar después de que todas estas letras sean suplantadas por su relevo.

4. EL RESULTADO Y LA ORIGINALIDAD

¿Los críticos están todavía buscando originalidad? La búsqueda de ella —si se me permite— es una verdadera utopía. ¿Es original el tan adorado arte norteamericano, el añorado logro europeo, el exótico arte asiático o africano o argentino? Pero cuando el crítico nacional se refiere a Arte Bípedo u otra creación colectiva individual de un grupo venezolano, eso sí es copiado de alguna rebuscada región del mundo.

Puedo continuar aclarando sobre Arte Bípedo. Todas y cada unas de las catorce acciones que se vieron el 14 de diciembre en la GAN son creaciones especiales para ese día, arte que responde a la propuesta: pintura-acción (no “action painting”, amigo intelectual). Y todas fueron pensadas para ser realizadas bajo esa premisa.

La influencia en este caso es un argumento pobre. De todos nosotros solo uno asistió al Festival de Vanguardia de Nueva York este año (lo pongo como ejemplo por ser el evento de arte nuevo más reciente y más adorado por la crítica) así que esa inyección de arte extranjero en nuestro trabajo es falsa. Todos nosotros estamos buscando aún nuestra línea de perfección y comodidad en nuestro arte, no la copia angustiosa de trabajos de acción americanos o europeos o argentinos. ¿Para qué? ¿Cómo? Si además la única periodista nacional que fue al citado evento en Estados Unidos publicó dos secos artículos donde se destacaban solo dos nombres.

El crítico encontrará siempre influencias. Yo mismo puedo encontrarlas del cabaret en mi trabajo o de Ingres en el de Vidal o de [ilegible] en Vivas Arias o de Arp en el de Yeni y Nan. Todo depende de cómo sean utilizadas a la hora de percibir la obra. “El sentido es el uso” decían algunos conceptualistas.

5. CONTAGIO O DESCONTAGIO EN EL PÚBLICO

En vista del avasallador carácter subjetivo tanto en la obra artística como en el análisis crítico, la persona criticante deberá tomar en consideración el comportamiento del público. Ello ampliará la dimensión retórica de las formas vistas y la constelación de fondos compatibles. La ideología y la retórica escrita a posteriori se verían con más conocimiento, opinión y verdad.

“Al fin pasa algo un domingo en un museo” recuerdo de algún espectador. El público del domingo 14 en la GAN era en un 75% público joven, es decir, el hombre sano, que se espera va a ser el público decodificante.

A los artistas de Arte Bípedo no nos interesa que algunos escritos retrógados nos involucre con calificativos gaseosos como “mercado persa” cuando una cantidad de ojos pensantes disfrutaron ese domingo de la amplitud de catorce artistas, tuvieron la delicia de encontrar diferencias entre uno y otro, gozaron de nuestro “exhibicionismo”, término que es inherente a la ciencia del arte de acción con el cuerpo, que es perteneciente a todo el arte desde el momento que todo artista desea que su trabajo sea visto por una masa y que aún el crítico peca de exhibicionismos aberrados cuando escribe tonterías para que aparezcan al día siguiente con firma completa.

Si acaso pudimos ser vistos como exhibicionistas, fue un exhibicionismo productivo. Puede leerse en nuestras veintiséis hojas de descripción de propuestas. Es injusto acusar a este grupo de buscar fama por un día a través de la exhibición, cuando sabemos que muchos de nosotros tenemos trabajos en varias partes del país y del mundo y que siempre logramos la oportunidad de presentarnos e invadir espacios públicos sin vergüenza burguesa.

6. LA TOTALIDAD

Arte Bípedo es un punto de referencia para la historia, para los artistas novísimos y para otra experiencia de este tipo en el futuro.

Es la primera vez que catorce artistas se presentan juntos para hacer sus ideas privadas. Cada uno de nosotros necesitaba mostrar su trabajo porque la práctica y la consiguiente comunicación forma al artista. De más está decir que él no nace hecho, él practica, investiga, muestra y continúa con ese proceso toda la vida enorgulleciéndose de ser siempre nuevo.

La visión crítica de una reseña de lenguajes de acción de artistas nacionales permite intervenciones filosóficas o ideológicas. Igualmente permite cierto efecto de descarga como fenómeno de psicología de masa, pero queda de una descripción crítica que el evento incluya dicha visión dentro de sus actividades. Si la interpretación perceptiva de la física de Arte Bípedo se realiza delineada por las relaciones de parentesco, es inútil que la crítica continúe su labor porque, a pesar de ella, el arte continúa. He aquí la historia de algunos críticos.

#arte-bipedo, #caracas, #galeria-de-arte-nacional, #gan, #marco-antonio-ettedgui, #performance, #venezuela

Llegó El bravo tuky

Portada El Bravo Tuky
Nota de prensa: Libros Lugar Común presenta El bravo tuky
El bravo tuky en instagram

#caracas, #cultura-juvenil, #libros-lugar-comun, #musica-electronica, #tuky

El día después de los Techos Rojos

Foto de Pablo Duarte

Foto de Pablo Duarte

Esta es la ciudad después del acontecimiento. En un recorrido, los techos rojos se transforman ante los ojos del fotógrafo en postales de concreto, panorámicas de una ciudad que ya ocurrió ante los ojos de sus habitantes.

En la mirada reverbera el silencio, que también se encuentra a pie en una urbe que pareciera antónimo de la introspección. De pronto aparecen parques, atardeceres que se desdoblan, que agotan la luz como una deflagración que no deja moraleja. No vemos la ciudad embotellada, la explosión demográfica de la Gran Caracas que toma el valle con ímpetu valeroso pero precario. Después del desafuero, de los abrazos y los balazos, vienen las sombras tranquilizadoras.

En las fotos de Techos Rojos, quien antes caminaba —como Benjamin, como Michel de Certeau— para ver la ciudad en tránsito, para encontrar en sus esquinas la seducción de su escritura, la promesa de sus proyectos, ahora se detiene ante la enorme evidencia de su presente de restos, de lo que ha sido. El cartel político, el graffiti, los monumentos, aparecen como fragmentos imperfectos de un relato cuya tristeza se empieza a olvidar a fuerza de tanto recordarla.

¿Qué hacer con la promesa del futuro? Cruzar para la otra calle. El caminante del siglo XX se fue en moto por otros horizontes y ahora campea la fuerza analógica de la ciudad, encuentra sus cotas y se precipita a sus sótanos para encontrarse árboles con resaca, después del atardecer freestyle de los Techos Rojos.

Foto de Pablo Duarte

Foto de Pablo Duarte

Texto para la serie de fotos Techos Rojos de Pablo Duarte, exhibidas en la Librería Lugar Común (2014), para el lanzamiento de Venezuelan Mindset de 12 inch ninjazz

Un enlace más:
Lomitografía, blog de fotografía de Pablo

Techos Rojos

#12-inch-ninjazz, #caracas, #fotografia, #libreria-lugar-comun, #pablo-duarte, #techos-rojos, #venezuelan-mindset

Una ciudad sin turistas

Turistas frente al MALBA

Turistas frente al MALBA

Una amiga venezolana que está en Santiago escribió hace poco que a veces no sabía en qué país estaba. En el metro, en restaurantes, en las calles turísticas, la proliferación de idiomas y acentos le causaban un breve momento de extrañeza. Yo la primera vez me di cuenta de algo así fue en Toronto, cuando acompañé a mi papá a un viaje de negocios: recuerdo pasar por las mesas de un restaurante y escuchar un idioma diferente en cada una, sobre todo, a unos hindúes maracuchos que bromeaban a todo volumen, muertos de la felicidad. De ese momento pasaron unos años y todavía es raro escuchar un dejo extranjero en Caracas, a menos que sea tiempo de elecciones, de crisis y de tánatos, cuando los corresponsales inundan por breves días nuestras calles. De resto, nos quedamos con la cotidianidad del propio lenguaje. El transporte público reserva esos pequeños hallazgos, como cuando unas viejas, después de leerse mutuamente el horóscopo, iban planificando su viaje a la playa para el próximo fin de semana. Iban a ir las dos solas, de madrugada, de modo que se pudieran regresar después del medio día, sin el tráfico de la hora pico playera. El objetivo de todo estaba en que les diera tiempo de almorzar un glorioso pescado frito. Era martes, o miércoles, y no recuerdo mayor profusión y entusiasmo patrio en tan pocos minutos. Juntas, pisotearon el aburrido tricolor para izar la única bandera verdadera de nuestras costas: el sonoro pescado frito, que se agota en los dientes, cuanto no le damos ni un milímetro de tregua a sus espinas. Caminando por Buenos Aires recuerdo todo esto, especialmente en Florida, una crecido río peatonal. Es un sitio idílico para un tipo de turista: el raspacupo, esa versión degradada del venezolano que a principios de los ochenta recitaba en Miami el famoso tabarato. Con nuestro cupo de dólares restringido, de Ecuador enfilando hacia el Sur se obtiene el máximo posible de dólares por viaje, lo que nos lleva irrefrenablemente a estas calles comerciales llenas de dudosas ofertas. Compartimos quizás con los brasileños, que con lentes oscuros, camisetas y garotas de shorts ajustados, van en bandada arrasando por todos los comercios, comiendo helados, bebiendo cerveza, regateando con las decenas de buhoneros que ofrecen el dólar blue. Los compatriotas van con el tricolor en la gorra, buscando quien les consigan dólares por debajo de la alfombra celeste. País CH y País K, sin ponernos haters, con la evidencia de una realidad desapasionada: el ejército de transeros que va cantando a lo largo de la calle “cambio, cambiou, caaambio”. ¿Qué habrán descubierto estos dos países que el resto del mundo ignora? ¿Qué iluminación o desagrado paria tendrán sus élites económicas? Oh, el dólar. Estas son las calles que odia el turista literario, el no-turista, el aventurero genuino, la Maga, el hippie, el hipster. Encontramos son hordas de turistas programáticos, mapa en mano, buscando un show de tango a buen precio. Hablamos de Time Square, por donde los verdaderos new yorkers odian pasar, entre tanta gente mirando hacia arriba. Florida es una pesadilla en tránsito para quien trabaja cerca o para el que se imagina una Buenas Aires de bruma y cafés con señores de boina que leen a Arlt. Toda la experiencia en su versión mercantilizada, diría alguien a partir de un par de lecturas rápidas. Para ellos, queda invitarlos a Caracas, para conocer la última capital de América que se salvó de las cámaras de los japoneses, de las sandalias y los sombreros de pescador de los gringos. Tendremos memoria para contar una ciudad que fue solo nuestra en toda su violencia y todo su esplendor. Nos reservamos el teleférico para los liceístas enamorados, cerraron los casinos, los museos. Solo recibimos a quien viene con una misión, a quien va a contar de testigo lo que sucede en el valle incomprensible. No irá usted a la playa, no alcanzará la costa. Si lo hace será, como recuerdo haber visto alguna vez, algún rubio extraviado por las calles de la Guaira, tratando de pedir un cachito de jamón para desayunar y regresar rápido al crucero, después de demasiada realidad. Sabana Grande, con sus comercios de avisos tapados amen de la asepsia socialista, es solo nuestra, no de depredadores foráneos, igual las tascas de La Candelaria, los recientes Cafés Venezuela, donde se hace cola para comprar un sabroso guayoyo hecho con lágrimas de Chávez. Verá, de a poco, trabajadores asiáticos en los Palos Grandes, o alemanes en busca de fiesta yuppie en Sawú -marica, son alemanes, no me voy de aquí hasta que los invitemos a mi casa-. Pero tendrá una ciudad que será también solo suya, que no tendrá que recorrer en los destapados autobuses turísticos ni compartir con franceses culturalmente opuestos al desodorante. Una ciudad donde no se preocupará por ser genuino, donde todas las areperas son criollas, no trampas; donde casi no hay tiendas de souvenirs, ni direcciones. Imagine eso: una ciudad sin números, donde puede perderse a su propia costa y sentir el verdadero riesgo. Donde hasta puede que le toque ser el Ángel de la Historia de Walter Benjamin y sea testigo de algún pasado en ruinas mientras el viento del tiempo lo lleva de regreso hacia el futuro, con verdaderas aventuras que contar de vuelta a casa.

#buenos-aires, #caracas, #turistas

La construcción de MPeach

Entrevista en exclusiva para Revista OJO con motivo del lanzamiento del primer larga duración de MPeach

Mpeach Revista OJO

En la trastienda de un restaurante en Nueva York arden los fogones y se confunden los modismos. Suenan cumbia, bachata y hip hop, junto con el traquetear de los cuchillos contra las tablas. Arden los guisos y burbujean las imprecaciones. Hace un calor que se potencia con los cuarenta grados del verano.  Mariana Martín Capriles entra a preguntar por una orden, después de hacer caja. Su título de Manager se riñe con uno más familiar: Peach. El soundtrack de esa cocina suena al presente continuo de su infancia. Y en él se reconoce. Bromea con los cocineros, que le dicen güerita.

—Yo quiero hacer música que ellos se tripeen.

Así afirma Peach desde un bar en Caracas, mientras pasa unos meses preparando el lanzamiento definitivo de su primer larga duración. Lleva varias semanas de vuelta a su ciudad natal para recoger fuerzas y ampliar su red de colaboradores. Siente que llegó el momento de darle forma definitiva a su proyecto musical, MPeach, y de conquistar a un público que poco a poco conoce más de ella.

Caracas de noche

Otra escena hace que el bar, al finalizar la tarde, se transforme en la madrugada cerrada. Peach recuerda la Caracas del nuevo milenio, marca el calendario con el primer disco de Kanye West, The College Dropout (2004), que coincide con su mudanza definitiva a Nueva York. Todavía internet no se había transformado en la fuente masiva del conocimiento musical, se empezaba a tejer Myspace, y las velocidades de descarga a permitir redes de intercambio.

Recuerda un momento prometedor en esos cuatro años. “Había todavía la mística del descubrimiento, una sensación de que estábamos creando algo novedoso”. Es la época en que la música electrónica comienza a experimentar con propuestas audiovisuales. Mientras, al fondo, en las zonas populares de la ciudad se escuchaba changa y raptor house. La inseguridad no había alcanzado los picos que experimentaría diez años después. Había fiesta.

En esa época comienza a tocar en dúo: “Jimmy Flamante & Peach”. “Yo era vista como una artista visual dentro de la música. Comencé a colaborar con Jimmy en imágenes que acompañaban los toques. Era un proyecto muy Y2K”. Otros nombres frecuentes que suenan en Caracas son Cardopusher, el colectivo Keloide, el crew de grafiteros ERA. Peach reconoce la influencia de todas estas expresiones: un grupo de amigos con ganas de cambiar la ciudad, de proponer, de hacer una cultura híbrida que se nutre de todo. Desde el principio la mezcla es uno de los pilares de Peach: “Siempre he querido mezclar la música popular con la electrónica. Me dije: ‘te lo juro que esto tiene que ser el futuro’. Mezclar Velvet Underground con Juan Luis Guerra y los 440”.

En su estudio en la Organización Nelson Garrido, Jimmy Flamante recuerda también esa primera generación de artistas audiovisuales. “Nosotros viajábamos a Colombia, a otras partes de Latinoamérica, y no estaba pasando nada como aquí. Estoy orgulloso de esa época, éramos un grupo de panas que sí logramos hacer algo valioso”. Flamante colabora de nuevo con Peach en la producción de algunos temas del nuevo disco y entre ellos se escuchan los ecos de una ciudad como Caracas, que en escenas pequeñas, entre grupos creativos, logran impulsar un movimiento que brilla con mayor o menor intermitencia después hastíos y emigraciones.

Hazlo tú mismo

“Yo soy una artista venezolana”, afirma MPeach con una seguridad belicosa. Reivindica sus raíces folklóricas, pues en su familia hay músicos de salsa, de tambores. “Soy de ritmos latinos, mezclar eso tiene que ser un buen mix”.  Se muda a Nueva York y se establece en Brooklyn donde trabaja de freelance haciendo motion graphicspara clientes internacionales.

De su paso por Todosantos, banda inclasificable de dance y experimentación electrónica que ha construido un aura de culto, Peach se encargaba de mezclar en vivo los visuales, en un momento en que ese tipo de trabajo era pionero. El MIDI se mezclaba con la frecuencia de color y creaba texturas que acompañaran a la música, un proyecto que ella califica de “nerdy, súper difícil de definir”, pero que sin duda dejó una impronta en la música alternativa venezolana de los primeros años del dos mil.

A partir de ese recorrido, MPeach va adquiriendo su figura y estruendo de neón. Martín lo cree así: “Toma tiempo descubrir las cosas y encontrar tu forma de narrar”. Se presenta sola en escena, usa pedales que filtran su voz en video, juega con consolas y anima al público. “Quiero llegarle a la gente con un proyecto experimental, bailable y con espíritu de fiesta. Que te impresione pero que la pases bien”.

En 2011 lanza el EP Vengo por ti, con tres temas y dos remixes. Lo hace a través del sello Abstractor y se encargan de la producción Pacheko & Pocz, con la masterización de Cardopusher. Pero para darle forma a su primer larga duración tendrían que pasar tres años más. Mariana Martín, sin seudónimos, tenía que enfrentarse a su oficio y, para adquirir independencia creativa,  debía conseguir recursos: “Tengo una filosofía DIY –Do it yourself o hágalo usted mismo-. Prefiero pagar mi proyecto, para hacerlo como yo quiero. Durante los últimos años he trabajado en mi sonido, que quiere ser venezolano, dentro de la escena global. Mi interpretación, mis influencias, con contenido social”.

En Nueva York entró en contacto con el colectivo Dutty Artz, que describe como un hervidero de influencias de todo el mundo, pasado por el tamiz electrónico, el académico e, inclusive, el militante. Djs y músicos toman parte importante de actividades comunitarias y, absolutamente conscientes de su papel como artistas, se convierten en abogados de causas como la inmigración. La metáfora de la música como punto de encuentro se transforma aquí en asociaciones, en recolecciones de firmas y programas de ayuda.

La conversación deviene pronto a una de las artistas más visibles con una propuesta electrónica de influencias locales: Maya Arulpragasam, mejor conocida como MIA, una artista británica criada en Sri Lanka, hija de un importante escritor y activista. MIA ha asumido una posición contestaria a lo largo de su carrera, aderezando el pop con rebeldía política. Peach la ha visto en vivo, reconoce su influencia, pero se permite mantenerse descreída, pues detrás de Maya se revelan recursos importantes, como una educación posh, en una universidad exclusiva: “MIA estudió en el Central St Martins College en Londres. ¡Así que fuck you!”.

Ritmo loco

En uno de los brazaletes dorados que viste Mariana Martín, ahora transformada en Mpeach, se lee “Petare”. Al cuello lleva un collar con la forma del Distribuidor la Araña, de la Autopista Francisco Fajardo, que termina en un pequeño pendiente con la figura de María Lionza. Sobre la mesa descansa otro parecido, pero con las Torres de Parque Central. Son obras de Déborah Castillo, artista plástico y asesora de imagen de MPeach.

Del ocasional spanglish que adereza su discurso, junto con su cadencia insurrecta de caraqueña sifrina, se construye la imagen global pero con ascendencia local de MPeach. Para eso ha dejado pasar el tiempo y ha hecho alianzas: “Necesitas gente que te sume, para que tu propuesta sea más sólida. Me he propuesto ceder, eso es importante porque creces. Estoy clara de lo que yo quiero hacer. El truco es trabajar con gente con la que tienes afinidad”.

MPeach se preocupa por tener algo qué decir. Por hablar de esa ciudad en la que creció y de la que todavía se siente parte. Se pone en guardia para defender su proyecto, sin ignorar la realidad del país mientras se perfecciona en escena. Por eso reafirma las críticas a la calidad en vivo de artistas con posiciones políticas altisonantes: “No es solo hablar, denunciar, no es suficiente. Hay que comprometerse con el público, saber lo que suena”.

De su nuevo disco, en diciembre pasado lanzó en la web el sencillo “Ritmo loco”, un tema electrónico de bajos poderosos y estirpe tropical. Para mediados de año espera tener listo los demás temas, cada uno con contraparte audiovisual, en un lanzamiento completo, resultado de su carrera reciente.

A MPeach le interesa abrir nuevos espacios, a partir de las redes y de la experiencia. Poder servir de enlace entre los artistas con los que ha tenido contacto en Nueva York para presentarlos en Venezuela, sin pretensiones de carteles con ambición. A la par, su proyecto baila sus propios pasos: “No quiero ser ni galla ni concious fastidiosa, quiero que te diviertas mientras piensas”.

En el bar en Caracas, cansada de fiestas de reencuentro y de la producción de su nuevo material, de pronto se recupera e increpa a su interlocutor, en defensa de sus canciones: “No tengas miedo a ser quien tú eres, a hacerte preguntas. Cuestiona, exige. Eso es lo que quiero decir”.

Mpeach Revista OJO 2

Fotos: Louis-Philippe Beauduin

Maquillaje y estilismo: Déborah Castillo

Publicado en: Revista OJO, edición 25

#caracas, #electronica, #mariana-martin-capriles, #mpeach, #ritmo-loco, #rock, #todosantos