Entrevista con Dorian López, fotógrafo de Mexicano

Mexicano, Dorian López

Foto de Dorian López, de la serie Mexicano

A través de Juan D’Alessandro, un gran amigo y periodista cordobés, conocí la revista Los Anormales, cuyo espíritu se resume en la frase “Cómo piensan y actúan los que no actúan ni piensan como el resto”. La publicación empieza una nueva etapa con alcance latinoamericano y Juan me pidió que entrevistara al fotógrafo mexicano Dorian López, quien tiene el interesantísimo proyecto Mexicano. Hablamos sobre belleza, exclusión y sofisticación, en una charla que me hizo pensar mucho sobre las políticas de la raza y la nación en un país como México.

“Mi ejercicio es caminar. Me detengo con lo que me llame la atención: sujetos, escenas. Las figuras de moda más importantes ven mucho a la calle y lo noto en el trabajo que hacen. Yves Saint Laurent veía mucho la calle. La gente nueva también ve mucho la calle, es una gran fuente de inspiración. Por eso empecé a caminar. Desde muy chavito, cuando comencé con la cámara, he querido retratar la calle. Después de ya estar en la moda, caminar con una cámara y retratar lo que veía se hizo más fuerte. Me parecían muy emocionantes las cosas que podías encontrar: situaciones, vestimentas, rostros. Siempre mi foco ha sido en los rostros. Me encantan. Los que encuentro en el país me fascinan. En todos los lugares y en todo el mundo hay rostros fascinantes, pero los que encuentro aquí además me resultan familiares. Los veo, los reconozco de toda la vida y me parecen muy bellos”.

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La primera entrevista a Roberto Obregón

"Sorprende su forma de pensar"

“Sorprende su forma de pensar”

Publicada en la Revista Páginas el 26 de septiembre de 1967 esta es probablemente la primera entrevista que le hicieran a Roberto Obregón, artista venezolano conocido por sus disecciones. Sus rosas, cuidadosamente disecadas, sanas, enfermas, decenas de veces repetidas como un ciclo inclemente, hoy reverberan como una de las metáforas más poderosas que nunca pretendieron explicarnos. Quedémonos con sus palabras: “Aunque nada trascienda, tómense mis disecciones como documentos”.  

La entrevista, sin firmar, muestra a un Obregón contradictorio, molesto pero con una amarga candidez. Todavía pintor, no había empezado a desarrollar su investigación sobre la rosa, obsesión que duraría hasta el día de su muerte, en 2003. Probablemente uno siempre reniegue de lo que habrá dicho a los veintiuno, pero este texto tiene un valor raro, vagamente premonitorio. Además de que el o la periodista se toma unas licencias que llegan a ser conmovedoras.  Lo transcribo exactamente como en el texto original.

Tiene veintiún años un aspecto adolescente. Aprendió a sonreír hace apenas unos meses. Pero sigue siendo ensimismado, callado y reacio a las confidencias como hace seis meses cuando —para gran sorpresa de todos— ganó dos premios en el Salón Oficial: El Premio Roma y el Premio Colegio de Arquitectos.

¿Quién es Roberto Obregón? Aparte de esos datos biográficos y de su aspecto físico, nada se puede sacar en claro. Su mundo interior como su pintura constituyen un rompecabezas y no obedecen a ninguna de las reglas trilladas con que estamos acostumbrados a enfrentar a un ser humano. ¿Qué piensa? ¿Por qué pinta? ¿Qué espera hacer?

No hay respuestas simples ni definiciones fáciles. A su edad, Obregón no parece creer en nada ni en nadie. Para muestra, he aquí parte del diálogo:

—¿Cuál fue su reacción al saber los resultados del Salón?

—Me sentí deprimido… Sí, deprimido. Es difícil de explicarlo. Quería y no quería algún premio… No siempre es bueno ser premiado… Es un compromiso y una limitación… Uno se siente obligado a buscar algo más, mayor calidad… Y pueden dañar porque envanecen…

—¿Qué le interesa más como pintor?

—El hombre, la vida, la existencia. Pero todo eso es un absurdo. La vida es un absurdo y por eso también mi pintura es una pintura del absurdo.

—¿Pesimista a los veintiún años?

—No creo ser pesimista, podría ser una actitud más objetiva.

—¿Qué espera de la vida?

—De la vida nadie espera nada. La felicidad no existe. Es solo un término, creado por el hombre. Lo que más me desagrada de la vida es la vida misma.

Y así, en una forma desconcertante, Roberto Obregón va sacando pedazos de su alma, con dolor y sinceridad. Porque en todo ello no hay pose, ni premeditación. ¡Imposible! A veces hasta resulta ingenuo en sus actitudes de hombre viejo. Y de pronto, asoma la inseguridad, la auténtica inseguridad de quien todavía no ha puesto cada cosa en su sitio. No se contradice pero pierde un poco de esa actitud nihilista, casi destructiva, hacia sí mismo. Reconoce que los últimos años y las experiencias más recientes lo ha cambiado. Y también admite la posibilidad de sufrir nuevos cambios.

—Esa forma de ser y de pensar que tengo ahora puede ser sólo una actitud transitoria. Yo mismo me doy cuenta de que estoy cambiado. Ahora, por ejemplo, creo que no hay necesidad de ser extremadamente agresivo para hacer o decir algo significativo. Comprendo mejor las cosas, la gente y la pintura misma… No es un cambio de compromiso. Es sincero y producto de la maduración.

El absurdo persiste

Pero si ha considerado sus opiniones anteriores, Roberto Obregón sigue fiel a la línea de pintura que le ayudó a salirse del anonimato a pesar suyo. Es una pintura que no agradará a todos, que chocará con los gustos y mentalidades de un público acostumbrado a otros temas y expresiones. Y la contradicción será aún mayor porque proviene de un muchacho excesivamente joven para tanta amargura.

Es evidente que a Obregón le deja completamente indiferente las reacciones que pueda provocar su pintura. Y uno se pregunta ¿dónde están las causas de esta actitud —pictórica y personal— que desde ya lo separan de cualquier otro pintor nacional, de cualquier tendencia?

Rosa enferma. Fuente: Bienal Sao Paulo

Rosa enferma. Fuente: Bienal Sao Paulo

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