Guía de instrucciones para observar una reseña de lenguajes de acción

Por Marco Antonio Ettedgui

Nota publicada en el diario El Universal de Caracas el 24 de diciembre de 1980, con motivo de las reacciones en torno a Arte Bípedo, muestra de performance organizada en la GAN por el mismo Marco Antonio Ettedgui

Ettedguinformacion

Cuando decidimos emprender la tarea de Arte Bípedo sabíamos que lo que nos venía era una labor quimérica y una consiguiente lucha ante una crítica que estaría dividida en conservadora y liberal.

Estábamos consciente de la arriesgada labor, sabíamos que nos enfrentaríamos a calificativos superfluos o inteligentes. Pero no nos importaba, más bien nos atraía la sensación.

Esta guía de instrucciones está dedicada especialmente a responder los cuestionamientos de la crítica y de su filum “Crítica Conservadora”.

De igual manera es un espacio que servirá a todo tipo de público y de artistas como llaves para observar correctamente una reseña de lenguajes de acción. Esto puede variar desde Arte Bípedo hasta el Festival de Vanguardia en Nueva York o el Festival de Teatro en Venecia. Todo tipo de trabajo que reúna a catorce artistas de catorce sensibilidades presentándose juntos en una invasión a un espacio arquitectónico para alterar el orden y, si se quiere, violarlo con cariño.

Sin pedancia, creo que al filum de críticos reaccionarios esta guía será de gran utilidad para el futuro cuando otros “vanguardistas” —y esta vez sí uso el término para destacar una reseña avanzada de arte— presenten sus ideas sin vergüenza a un público que espera tener una referencia de la labor del nuevo arte venezolano.

INSTRUCCIONES

1. LA VISUALIZACIÓN DE LA OBRA DE ACCIÓN

Amigo crítico, porque haya leído el texto “Cómo mirar la pintura” de Jean Guichard Melli, no significa que esté en capacidad de admirar en todo detalle una pieza de arte de acción.

Pero si este es su texto de mesa, voy a recordar un párrafo elocuente sobre el enfrentamiento de la persona a la obra de arte: “El ojo es un órgano maravilloso, instrumento de sentido privilegiado (por su sensibilidad, su finura, su precisión). Sus recursos normales son muy extensos. Con un poco de atención y de entrenamiento pueden revelarse con toda su riqueza. ¡Hasta qué punto no se afinan en los ciegos el tacto y el gusto en los degustadores profesionales!”. Y continúa en otra parte: “Pero la obra de arte exige la movilización total de esta mirada ejercitada, lúcida, activa”.

Ante la obra de acción, el uso del ojo debe agudizarse más aún que cuando se disfruta de una obra pictórica. No lo observo por niveles de importancia entre uno y otro sino porque en aquella, la pieza está en verdadero y real movimiento. Este tipo de arte no se puede admirar mientras se conserva con los amigos: todo lo contrario, el tiempo de permanencia ante la acción debe ser mayor, más bien, completo, hasta que el arte finalice. En Arte Bípedo no se puede presenciar el trabajo de uno mientras se está destrozando verbalmente la labor de otro y esperando un tercero para verlo con negatividad. El detallismo crítico que hablaba debe estar abierto, sin prejuicios ni prelaciones viciadas que luego desemboquen en una página histérica de algún domingo en algún diario. El objeto de la percepción de una performance u otro tipo de acción debe tener claro que el arte accionista evoluciona y, si no lo hace, cambia por completo; que los detalles están en vivo; que está compuesto de fases claras necesitadas de una amplia ‘movilización total de la mirada’”.

2. LA REFLEXIÓN SOBRE EL ENTORNO

En las piezas de arte de acción, el entorno está relacionado más que nunca con la pieza en sí. Específicamente Arte Bípedo tuvo que ser en los espacios de la Galería de Arte Nacional porque todo el arte que se vio allí ese domingo estaba relacionado con las piezas que colgaban en las paredes.

Me explico —y creo que también, me repito— los catorce artistas que nos presentamos allí escogimos una pieza de la “Indagación de la Imagen” en la GAN y a partir de ellas elaboramos nuestro trabajo. Pongo los ejemplos específicos: Carlos Castillo tomó como punto de partida la manera de percibir la obra, algo similar en lo que se inspiró Wenemoser; Yeni y Nan tomaron diapositivas de las pinturas de la sala del realismo social e investigaron acciones sobre y a partir de ellas; Pedro Terán escogió el estudio para Torso Nº1 de Cristóbal Rojas para su Nº I Estudio de Torso; Javier Vidal estudió la estructura de la obra artística y por la palabra incitaba a crear una escultura viviente; Vivas Arias arranca de la arquitectura misma de la GAN, elemento que yo también tomé; Zerpa con su estilo desarrollado sobre rituales elaboró su acción frente a las imágenes de creaciones religiosas con la figura del doctor de “El Niño Enfermo” de Michelena; Obregón se inspira en el estilo de Elisa Elvira Zuloaga y escoge intervenir sobre el jardín; Amber Terán, bajo la mujer vegetal de Abreu, dramatiza una acción; July Restifo transforma en voz y sonido cada una de las pinturas de la Sala I; Hernán Suárez parte de las líneas de Picasso para presentar vestuario y Winston Cortez rompe la individualidad de la pintura con un “Collage colectivo” en vivo.

De manera que la unidad de lugar y moral tenía que ser un museo, no un aeropuerto ni una casa de estudios, ni el parque Los Caobos, ni el terminal de pasajeros del puerto, por la sencilla y pura razón de que allí no hay cuadros ni esculturas.

La pieza de acción debe relacionarse con el entorno para que tenga validez. Lo mismo la crítica debe tener consciencia de que el artista conoce el ámbito en el que trabaja y no lo hace allí por moda o arribismo

3. El PROCESO DE LA ACCIÓN

Respetamos la acción inmediata, la improvisada, porque tiene razón de existir. Sin embargo y lamentablemente en Arte Bípedo no hay improvisación más de la que permite una acción premeditada y concreta.

El crítico debe conocer el proceso de creación de Arte Bípedo para luego opinar seriamente en una página de diario.

Un día se me ocurre presentar mi trabajo en la GAN para la serie “Encuentro de Hoy”. Después de conversar con Graciela Pantin, salgo de las puertas y pienso que otra intervención en los pasillos es una tontería, que sería otra acción aislada, un golpecito y no El Golpe. Pensé que podía ser una acción conjunta con el grupo Autoteatro y así lo propuse. Fue aceptado por la GAN y por Autoteatro. Sin embargo, acuso a mi escepticismo y a mi ansia por hacer algo histórico, destruyo la idea de que este grupo actúe en la GAN y extiendo la invitación a varios artistas de performance que yo conocía. El método fue el siguiente: repartía una planilla elaborada por mí donde el artista era invitado al evento “Visita al museo” y en donde se podían esbozar algunas ideas de la propuesta. Hubo cierta receptividad. Luego tuvo más y más hasta que recogimos catorce artistas importante de la acción venezolana. Ya no podía ser “Visita al Museo” de Autoteatro sino algo más sólido como trabajo de conjunto. Llegó a ser Arte Bípedo porque todos allí trabajábamos con el cuerpo para presentar(nos) como el propio arte. Luego cada uno de los involucrados extendió conceptualmente la propuesta: discutimos, la cambiamos, hasta resolverlas y presentarlas en limpio a la GAN donde acertadamente nos redactaron dos documentos aclaratorios del porqué —si acaso había que darlos— de esta reseña venezolana de lenguajes de acción.

Con la desnudez de este proceso secreto, parto en mil la malicia de condenar Arte Bípedo como una moda. ¿Es moda reunir a catorce venezolanos para trabajar con el cuerpo en la GAN? No la conozco, en realidad no conozco esa moda ardua de crear una idea específica para ser mostrada al público. No conozco la moda joven de configurar una estructura de producción, de lograr un pago para cada de nosotros. Las modas tienden a ser elegantes, lúcidas y cómodas. Arte Bípedo no fue fácil, pero se hizo. Y el crítico sabe que a pesar de su resistencia queda en la historia, no solo la que se hace todos los días, sino en la que va a quedar después de que todas estas letras sean suplantadas por su relevo.

4. EL RESULTADO Y LA ORIGINALIDAD

¿Los críticos están todavía buscando originalidad? La búsqueda de ella —si se me permite— es una verdadera utopía. ¿Es original el tan adorado arte norteamericano, el añorado logro europeo, el exótico arte asiático o africano o argentino? Pero cuando el crítico nacional se refiere a Arte Bípedo u otra creación colectiva individual de un grupo venezolano, eso sí es copiado de alguna rebuscada región del mundo.

Puedo continuar aclarando sobre Arte Bípedo. Todas y cada unas de las catorce acciones que se vieron el 14 de diciembre en la GAN son creaciones especiales para ese día, arte que responde a la propuesta: pintura-acción (no “action painting”, amigo intelectual). Y todas fueron pensadas para ser realizadas bajo esa premisa.

La influencia en este caso es un argumento pobre. De todos nosotros solo uno asistió al Festival de Vanguardia de Nueva York este año (lo pongo como ejemplo por ser el evento de arte nuevo más reciente y más adorado por la crítica) así que esa inyección de arte extranjero en nuestro trabajo es falsa. Todos nosotros estamos buscando aún nuestra línea de perfección y comodidad en nuestro arte, no la copia angustiosa de trabajos de acción americanos o europeos o argentinos. ¿Para qué? ¿Cómo? Si además la única periodista nacional que fue al citado evento en Estados Unidos publicó dos secos artículos donde se destacaban solo dos nombres.

El crítico encontrará siempre influencias. Yo mismo puedo encontrarlas del cabaret en mi trabajo o de Ingres en el de Vidal o de [ilegible] en Vivas Arias o de Arp en el de Yeni y Nan. Todo depende de cómo sean utilizadas a la hora de percibir la obra. “El sentido es el uso” decían algunos conceptualistas.

5. CONTAGIO O DESCONTAGIO EN EL PÚBLICO

En vista del avasallador carácter subjetivo tanto en la obra artística como en el análisis crítico, la persona criticante deberá tomar en consideración el comportamiento del público. Ello ampliará la dimensión retórica de las formas vistas y la constelación de fondos compatibles. La ideología y la retórica escrita a posteriori se verían con más conocimiento, opinión y verdad.

“Al fin pasa algo un domingo en un museo” recuerdo de algún espectador. El público del domingo 14 en la GAN era en un 75% público joven, es decir, el hombre sano, que se espera va a ser el público decodificante.

A los artistas de Arte Bípedo no nos interesa que algunos escritos retrógados nos involucre con calificativos gaseosos como “mercado persa” cuando una cantidad de ojos pensantes disfrutaron ese domingo de la amplitud de catorce artistas, tuvieron la delicia de encontrar diferencias entre uno y otro, gozaron de nuestro “exhibicionismo”, término que es inherente a la ciencia del arte de acción con el cuerpo, que es perteneciente a todo el arte desde el momento que todo artista desea que su trabajo sea visto por una masa y que aún el crítico peca de exhibicionismos aberrados cuando escribe tonterías para que aparezcan al día siguiente con firma completa.

Si acaso pudimos ser vistos como exhibicionistas, fue un exhibicionismo productivo. Puede leerse en nuestras veintiséis hojas de descripción de propuestas. Es injusto acusar a este grupo de buscar fama por un día a través de la exhibición, cuando sabemos que muchos de nosotros tenemos trabajos en varias partes del país y del mundo y que siempre logramos la oportunidad de presentarnos e invadir espacios públicos sin vergüenza burguesa.

6. LA TOTALIDAD

Arte Bípedo es un punto de referencia para la historia, para los artistas novísimos y para otra experiencia de este tipo en el futuro.

Es la primera vez que catorce artistas se presentan juntos para hacer sus ideas privadas. Cada uno de nosotros necesitaba mostrar su trabajo porque la práctica y la consiguiente comunicación forma al artista. De más está decir que él no nace hecho, él practica, investiga, muestra y continúa con ese proceso toda la vida enorgulleciéndose de ser siempre nuevo.

La visión crítica de una reseña de lenguajes de acción de artistas nacionales permite intervenciones filosóficas o ideológicas. Igualmente permite cierto efecto de descarga como fenómeno de psicología de masa, pero queda de una descripción crítica que el evento incluya dicha visión dentro de sus actividades. Si la interpretación perceptiva de la física de Arte Bípedo se realiza delineada por las relaciones de parentesco, es inútil que la crítica continúe su labor porque, a pesar de ella, el arte continúa. He aquí la historia de algunos críticos.

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El venezolano y el humor

Por Manuel Caballero

Nota: Texto de Manuel Caballero tomado de El orgullo de leer, publicado en Caracas por Editorial Alfa, año 2007


control-de-cambio-venezuela

Contrariamente a cuanto se cree, el venezolano no tiene sentido del humor. Lo que se conoce como tal, la muy criolla «mamadera de gallo», está tan alejado del humor que no vacilamos en decir que este último comienza donde aquélla termina. Que el pueblo venezolano llegará a ser humorista cuando abandone la mamadera de gallo.

Cierta vez expresamos públicamente los anteriores conceptos, con el asombro si no escándalo de algunos interlocutores. Estábamos tocando uno de los temas tabú de la cotidianidad venezolana. El venezolano, un ser que en general tiene muy mala opinión de sí mismo como pueblo, individualmente suele considerarse como un súperman sexual; como un héroe del volante; como un compatriota del más grande Libertador de todos los tiempos y países; y como un Infatigable humorista. No sólo las tres primeras afirmaciones son falsas, sino que son creencias que inhiben el humor y por allí mismo la condición de humorista.

Porque son producto del primitivismo, de la intolerancia y de la beatería. Que son, como aquellos aterradores «mundo, demonio y carne» los tres enemigos del humor. Considerarse a sí mismo como un caprus erectum y peor aún, jactarse de serlo, es no solamente muestra de inseguridad (hasta el más recién graduado psicólogo lo afirmará), sino un rasgo elemental de primitivismo. Tan evidente parece esto, que poco interesa demostrarlo. Sólo queremos subrayar que semejante actitud proviene de la consideración del intercambio sexual como una relación de dominio. Y una relación de dominio jamás permitirá el humor, porque el humor es casi por definición una actitud de oposición. Así como el déspota aborrece a quien lo convierte en objeto de burla, el déspota sexual condenará a la hoguera a quien ose dudar de sus proezas en la cama. Y al mismo tiempo, condenará al silencio al principal testigo de cargo, la mujer.

Lo que queremos destacar es la irreductible oposición entre primitivismo y humor: este último es una actitud culta, y una actividad intelectual sumamente elevada. Es por eso que, contrariamente a cuanto la gente cree, es imposible que el humorismo (y ni siquiera el más corriente sense of humour), exista en los niños.

Sabemos que esta afirmación es igualmente escandalosa, y todo el mundo se cree siempre con derecho a contrariarla, destruyendo cualquier conversación con el más fastidioso recurso, la inacabable teoría de niñadas que los respectivos padres considerarán siempre geniales. Los niños son siempre graciosos, aunque es demasiado sospechoso que lo sean para todo el mundo con excepción de sus iguales: ningún niño hace reír con sus salidas a otro niño. Por el contrario, mientras más numerosas sean sus boutades, más atención atraerán de sus mayores y por lo tanto, más odiosos se harán entre la comunidad infantil, lo cual quiere decir más aislados y finalmente más tristes. El niño no es humorista, es decir, no es un intelectual, y a Dios gracias: ¡imaginemos nuestras casas pobladas de Mafaldas!

Una muy explicable asociación de ideas nos ha hecho introducir un párrafo sobre los niños cuando hablábamos de la cama para destacar la irreductible oposición entre primitivismo y humor. El otro sitio donde ese enfrentamiento se produce, siempre con la previsible derrota del último a manos del primero, es en el automóvil. No sólo cada venezolano se considera el primer volante del mundo, sino que no admite la menor duda al respecto, y menos la duda sistemática que es y debe ser la del científico.

Podríamos también llenar páginas y páginas con datos y hasta estadísticas para demostrar esta afirmación. Pero, una vez más, tampoco tenemos interés en demostrar lo que salta a la vista del más desprevenido. Si el venezolano rechaza en este terreno cualquier asomo de duda es porque la actitud que tiene frente al automóvil no es la de dueño, sino la de siervo, no es la de dominador, sino la de sumiso.

Hemos subrayado esta última palabra porque es la traducción castellana de Islam, pero es lo que define finalmente cualquier religión. El hombre religioso pone cuanto nos es más caro, es decir, la vida, en manos de un ser a quien considera superior. Ese dios ha tenido, desde que el hombre decidió crearlo en mucho a su imagen y semejanza, diversos nombres y hasta diversos pueblos, pero todas las religiones se le hace en mayor o menor grado el árbitro de nuestro destino.

En nuestro país, el Único Ser que recibe semejante manifestación de acatamiento no es un ser increado, sino creado por el hombre: el automóvil. La relación que todo esto tiene con el humor es que no se puede ser a la vez religioso y humorista. El humor es irreverente por definición, y la religión se manifiesta por la reverencia.

Puede que el humorista no sea ateo (pues esta última actitud se profesa públicamente en Occidente quizás apenas desde la Ilustración), pero el humorista es casi por definición antirreligioso: léase, véase, el Siglo de Oro español. La conclusión, en cuanto a nosotros respecta, no puede ser más obvia: el venezolano no puede ser humorista pues no solamente es de una religión agresiva, intolerante, inquisidora y excluyente, sino que la suya es una de las más despreciadas, las más primitivas formas de religiosidad: el fetichismo.

Por supuesto que esta religión, siendo bastante reciente, necesita combinarse con algunas formas más antiguas, cuyo culto pueda ser celebrado pública y sobre todo oficialmente. Ya la tenemos desde hace muchos años: su Dios es Bolívar. Como toda religión, la patriótica es incompatible con el humor. Porque en el fondo de toda religión está el sentimiento de inseguridad que siempre acompaña a los hombres: el deseo que todos tenemos de lo que Bertrand Rusell llamaba un «hermano mayor» al cual podamos recurrir en los momentos de apremio. Para el venezolano, Bolívar no es un santo, ni un arcángel, y ni siquiera un vicediós: es Dios mismo. Una copla más comercial que popular (pero una cosa no excluye la otra) difundida obsesivamente durante el año bicentenario, ilustra mejor que nada esta afirmación:

Cuando Bolívar nació
Venezuela pegó un grito
diciendo que había nacido
un segundo Jesucristo.

La religión del automóvil y la religión bolivariana pueden ser ahora complementarias, así como para los cristianos el Nuevo Testamento completa el Antiguo. Pero si las dos religiones hubieran de enfrentarse -o la una hubiera de perseguir sañudamente a ña primera, como han hecho con los judíos los cristianos de todo pelo- no estamos muy seguros de que la bolivariana se imponga. No negamos que si alguien propusiera echar abajo todas las estatuas de Bolívar que adornan las plazas centrales de nuestros pueblos y ciudades, lo más probable es que el sentimiento patriótico llegue a imponerse y quien resulte finalmente arrasado por la multitud sea el proponente. Pero si se tuviese cuidado de aclarar previamente que el arrasamiento de estatuas y plazas tendría por objeto permitir la construcción de los estacionamientos necesitados tan urgentemente por nuestras ciudades, estoy plenamente seguro de que nuestro pueblo comprendería con patriótica inteligencia que la salvación de la República es la suprema ley.

Pero ya me puse didáctico y solemne. ¿Será necesaria alguna demostración suplementaria para darnos cuenta de que con la Iglesia hemos dado?

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El pacto de las corbatas: medios de comunicación en Venezuela

Foto de algún pacto - El Nacional

Foto de algún pacto – El Nacional

Desde que puedo recordar estamos en el pantanal de la polarización. Que es una trampa difícil de salir, más bien como arenas movedizas. Braceando entre los dos lados o te alineas con alguna orilla o tienes el peligro de ahogarte por pusilánime, por guabinoso —un modismo que usamos para aquel inseguro, que un día está de acuerdo con dios y el otro con el diablo—. Al respecto, después de tanto hablar sobre la objetividad en los salones de clases de la universidad, solo me queda claro que, más allá de los bandos, es difícil ser justo cuando se atestigua la injusticia. Que después entre tu injusticia y la mía haya abismos insalvables es lo que nos devuelve al pantano. Pero sigamos.

Hace tiempo que en la televisión no se puede ver nada. El reporteo de sucesos desapareció de los canales del Estado, el acceso a las fuentes oficiales está completamente restringido para los periodistas críticoslas amenazas contra los medios aumentan de forma vertiginosa, las pantallas cada día más optan por lo superficial, frente a la complejidad de un país que exige constantemente voces que ausculten sus cuitas, que interpreten, que denuncien el poder.

Tengo un amigo que cuando supimos que la venta de Globovision, el último canal “opositor” —después les aclaro las comillas— venezolano, me dijo: “Yo conozco a la hija de uno de los dueños. Ella dice que van a seguir resistiendo”. Pero esa apreciación candorosa se enfrentaba con un hecho ineludible: el canal era un negocio en quiebra, presionado con multas y procesos judiciales que hacían imposible su viabilidad económica si mantenían la línea editorial. La justicia administrada como agencia oficial de cobro. El viraje no solo era previsible, sino necesario por puro criterio de negocio.

Muchas veces me senté delante de la pantalla de ese canal con la expectativa de saber sobre el presente. De eso se trata, ¿no? Probablemente lo seguiré haciendo, pero seguramente con menos frecuencia. La punta de lanza de Globovision, además de la cobertura en vivo de los eventos noticiosos en los que los protagonistas son de oposición —desterrados prácticamente de la agenda de los medios oficiales—, es el programa “Aló ciudadano”. Creado como una suerte de respuesta al programa dominical de Chávez, “Aló presidente”, se transformó con los años en el centro del debate televisado de los voceros críticos al gobierno.

Después de el cambio de dueño, la última de las renuncias importantes ha sido la de Elsy Barroeta, quien abandonó la dirección de prensa del canal. Sin embargo, la más altisonante fue la de Vladimir Villegas, hermano del actual ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, quien había sido designado por los nuevos accionistas como director del canal, junto con Leopoldo Castillo, el conductor de “Aló Ciudadano”. A raíz de las negociaciones iniciales, Villegas rechazó la propuesta por “diferencias con respecto a las competencias del director”. Eso levantó aún más sospechas: como periodista de amplia trayectoria y solvencia ecuánime, sus reservas hacen pensar en el lento viraje de Globovision hacia una línea editorial menos crítica.

Queda entonces Leopoldo Castillo, el conductor del teledebate opositor durante todo el chavismo, amenazado por un cáncer que se viene tratando desde los últimos meses y cuyo éxito depende de su compromiso al reposo. ¿Quiénes también abandonaron el barco? Los conductores de un late show bastante pobre: “Buenas noches”, una tarima que conjugaba lo más mediocre del periodismo y del espectáculo. Pero, miren, que para no desaprovechar su rating vuelven en formato “teatro”,clasificados como género comedia.

Chavismo comunicacional

Varios hitos han marcado el panorama de los medios en Venezuela: en la crisis del año 2002, que terminó con la salida de Chávez del poder por 48 horas, el papel político de los medios fue altisonante. Ese día las principales estaciones del país: Globovision, Venevision, Radio Caracas Televisión y Televen, decidieron separar la pantalla ante la transmisión obligatoria del presidente —cadena nacional— para mostrar imágenes de una protesta que se había tornado violenta. De un lado Chávez y del otro el humo de las bombas lacrimógenas, los encapuchados, las detonaciones. Más tarde esos mismos canales fueron cómplices de un blackout de doscientas mil caras: mientras se registraban protestas en el país y Chávez retomaba el poder, nada se mostraba. Yo recuerdo, tenía 12 años, estar en la sala de mi casa pegados al radio con mis padres, escuchando incrédulos cómo se resolvía finalmente la crisis. Una década después nada está claro sino que fueron días oscuros. La única certeza que queda es que los mejores libros sobre los sucesos del 11 de abril de 2002 están por escribirse.

Después vinieron las reuniones en Miraflores, el palacio presidencial. Gustavo Cisneros y otros dueños de medios junto con los principales personajes del Gobierno. El resultado fue la moderación de los contenidos políticos y periodísticos de los canales. Allí se comenzó a instaurar el silencio, con mayor fuerza. Globovision y RCTV se mantuvieron como los únicos canales críticos, así las críticas no fueran de las más alta factura o con la mayor inteligencia.

La relación del chavismo con los medios de comunicación siempre ha sido conflictiva, ha estado llena de señalamientos y amenazas. En ese proyecto utópico de reformar al hombre y salvar a la humanidad —seguramente no del kitsch “nuestroamericanista”—, los medios privados siempre han sido el enemigo. Pero la respuesta es una gran contradicción: la hegemonía comunicacional.

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La patria a lengüetazos de Déborah Castillo

Publico mi reseña de la exposición Acción y Culto de Déborah Castillo para celebrar la llegada de los gif con su obra

El beso emancipador

El beso emancipador

Para entrar a la exposición Acción y Culto, de Déborah Castillo, el visitante se encuentra con la violenta rutilancia del machete: están clavados a lo largo del pasillo, dándoles la bienvenida. Él debe, extrañado y seductor, moverse cuidadosamente entre cada uno.

La metáfora del país nunca había golpeado tanto. Están ahí como señales de lo ocurrido. Las hojas no pueden cortarlo, no pueden dirigirse de pronto en contra suyo. Pero son el testigo de las cifras rojas. Como si al caminar por la calle de pronto se nos revelaran los fantasmas de tiza. El título de la obra: “Penetrable con machetes”, es un chiste cruel ante los restos del país moderno, del que tanto se han preocupado las generaciones de artistas contemporáneos. Si para Soto eran sorprendentes las reacciones de niños y viejos ante los penetrables del cinetismo, de visitantes rurales que se encontraban con un arte lúdico y eminentemente urbano, habría que registrar cómo le afecta al espectador esa ciudad que ahora se vuelve pesadilla.

“Parece más una prostituta que artista”, expresa en un comentario uno de los foristas de laiguana.tv, página web que reseñó con indignación la exposición de Castillo. Esta frase, probablemente sin quererlo, resume la trayectoria de una artista que ha hecho de la seducción, el cuerpo y el poder sus principales temas de investigación. Que se ha fotografiado para calendarios eróticos y los ha puesto a circular entre los buhoneros, que ha disfrazado de animales a curadores y artistas –para su sometimiento, para su propio circo delirante-.

La reseña se ha traducido en un aluvión de insultos, de discusiones y de amenazas que han tildado a la artista desde títere de la oposición hasta de un sonoro adjetivo: “birrionda”. Esas reacciones revelan el éxito de una obra que se propuso poner en el centro de la discusión los delirios nacionales, la autoritaria seducción de nuestro caudillismo.

Lame, lame, lamezuela

Lame, lame, lamezuela

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Andrés Caicedo Blues

Cinéfilo, cuentista y novelista presa de la angustia y de las drogas, su suicidio a los 25 años lo ha teñido con el aura de los poetas malditos. Esta entrevista es un periplo imaginario por Caracas de la mano de Andrés Caicedo, escritor colombiano que por estos lados nos obsesiona


Cuando Andrés Caicedo nació en Cali ya su corazón había sido ganado por la violencia. Hijo de padres sobreprotectores, de buen apellido pero adolecida fortuna, Andrés fue un niño inestable, de cagadas. Desde el preescolar Pio XII hasta la Casa Solar, comuna hippie donde vivió durante algunos años de su eterna adolescencia.

-Tú, Clarisolcita, tendrás mi edad y yo la tuya.

Con ese pacto, sellado con Valium 10 y novedosas anfetaminas, Andrés Caicedo cerró un noviazgo intermitente, tumultuoso, que precedería al de Patricia, el definitivo y más abrasador amor de su vida. Está de permiso en Caracas. Pasó por el antiguo edificio del Ateneo en Bellas Artes y vio la última revista Imagen, que en su época le concediera premios, ahora con curiosos textos sobre la izquierda impotente y anacrónica que también coqueteó con él. La palabra guerrilla no le importa. Tampoco los seconales. Una redención profunda hace que ría constantemente y se burle de los tipos de la librería, que no saben teclear en el sistema a Scorsese. No hay, agotado, mi rey. Andrés es menudo, pero ya se le olvidó la desazón. Tiene una camisa manga larga blanca, impoluta, sospecho que para esconder sus cicatrices.

-Los jóvenes ya no leen libros. La música ha sustituido ese lugar en sus corazones. A. Na. Die le interesa un libro cuando Keith Ri… chards todavía está vivo en el youtube. Si hasta están Angelita y Miguelángel. I-dén-ti-cos. Justo como los grabé.

Andrés está borracho en Salsipuedes, piensa en las libertades con H. N., irreflexión del alcohol de por medio. No se avergüenza pues fue pretendido y correspondió con ajustada ternura. Así me lo hace saber en una carta pasada, que hace tirabuzones en el tiempo. El bar cierra temprano y una rubia esquinada le recuerda a Clarisolcita. Pero su disposición es otra. Desde la mesa opuesta se le ve sonriendo y por unos instantes pareciera regresar la angustia. Se rasca sus heridas porque nunca dejaron de cicatrizar. Se palpa en el bolsillo del pantalón la textura áspera de las pepas. Andrés tartamudea y acaricia a HN en el rostro, con el reverso de su mano lampiña y tersa.

-Vivir después de los 25 años es una indignidad.
-¿Y que tus padres te sobrevivan?
-Sí, para. Salvarlos del horror de mi vejez.
-¿Caracas te parece un calabozo, lo poco que has visto?

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